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12 octubre 2007

Caballos en El Libro de Mormón





LIBRO DE MORMÓN: CABALLOS EN LA AMÉRICA PRECOLOMBINA

Luis A. Benito
Universidad de Saint-Louis

Una de las críticas más persistentes al Libro de Mormón es que dice que había “caballos” en las Américas antes de la llegada de Colón. Estas críticas se vieron fortalecidas por la contundente declaración de la Smithsonian Institution en 1982: “Los indios americanos no tenían caballos, burros ni camellos antes de 1492 […]. Estos animales se extinguieron en torno a 10.000 a.C.” (Smithsonian 1982).

Para los antimormones aficionados, éste es un argumento que todavía usan: el impostor Joseph Smith inventó el Libro y debido a su ignorancia metió caballos en la narración, sin saber que los equinos americanos habían desaparecido con el Pleistoceno, y que los caballos indios descendían de los españoles (de los caballos españoles).

Los antimormones profesionales, sin embargo, hace tiempo que ya no usan ese argumento, en vista de los nuevos hallazgos arqueológicos y de los antiguos que ahora se reconsideran desde 1982. Ahora prefieren hablar de masones y talismanes mágicos y búsquedas de tesoros, para ver si desacreditan ya de una vez a Joseph Smith, que se les resiste demasiado.

Efectivamente, las evidencias arqueológicas empiezan a cabalgar en contra de estos entrañables cruzados que nos hemos echado, y, aunque hemos de ser muy cautos a la hora de hablar de pruebas irrefutables, lo cierto es que estas evidencias convierten en verosímil, es decir, en más que probable, la existencia de caballos en Centroamérica y zonas de Norteamérica mucho antes de Colón y mucho después del Pleistoceno.

Las declaraciones de la Smithsonian Institution, tanto la de 1982 como la revisión de 1996, que casi negaban cualquier contacto entre el Viejo Mundo y América antes de Colón, fueron contestadas ampliamente por expertos mormones, especialmente por John Sorenson, quien aportó un lote abrumador de evidencias arqueológicas a favor de dichos contactos transoceánicos, basado en una legión de autores ajenos al mormonismo, bien reputados en sus campos y algunos incluso asociados a la Smithsonian. Ésta dejo de publicar sus declaraciones negativas desde marzo de 1998. El apologista mormón Jeff Lindsay la solicitó, como postura oficial sobre el mormonismo. La Smithsonian, ya muy moderada, le contestó en febrero de 2001 que “El Libro de Mormón es un documento religioso y no una guía científica. La Smithsonian Institution nunca lo ha usado en investigaciones arqueológicas, y cualquier información que usted haya recibido en sentido contrario es incorrecta” (Ver http://www.jefflindsay.com/LDSFAQ/smithsonian.shtml).

QUÉ DICE EL LIBRO DE MORMÓN
1 Nefi 18:25 dice que los nefitas econtraron “caballos” en el desierto después de llegar al nuevo continente, seguramente Centroamérica: “Y ocurrió […] que había animales de toda especie en los bosques; tanto la vaca como el buey, y el asno, y el caballo, y la cabra, y la cabra montés, y toda clase de animales silvestres, los cuales el hombre podía utilizar”.

2 Nefi 12:7 dice que había muchos en la tierra: “Su tierra también está llena de plata y oro, sus tesoros no tienen fin; también su tierra está llena de caballos, y sus carros son sin número”.

Enós 1:21 dice que fueron domesticados por los nefitas: “Y aconteció que el pueblo de Nefi […] crió rebaños de reses, y manadas de toda clase de ganado […], y también muchos caballos”.

Eter 9:19 habla de que los jareditas “también tenían caballos y asnos […], todos los cuales eran útiles para el hombre”.

Adviertan ustedes que el Libro de Mormón no describe caballos en las batallas, ni caballos montados por los nefitas, y apunten este dato porque es posible que nos ayude un poco más adelante. Es cierto que hay dos pasajes de caballos y carruajes (Alma 18:9-12, cuando Ammón prepara los caballos del rey, y 3 Nefi 3:22, que dice que los nefitas de Laconeo “habían reunido sus caballos, y sus carros, y su ganado, y todos sus hatos y rebaños, y su grano, y todos sus bienes […] para que se juntasen, a fin de defenderse de sus enemigos”), pero no dice en qué manera los caballos trabajaban excepto que acompañaban a un rey en un viaje corto. No especifica lo que los caballos hacían. Noten que en 3 Nefi 4:4 se asocia a los caballos con “ganado” y con “rebaños”, en una situación de supervivencia durante el largo sitio de una ciudad: “

[…] y los nefitas se hallaban en un solo grupo, y era grande su número, y se habían provisto de víveres y de caballos, y ganado, y rebaños de toda clase, para poder subsistir por el término de siete años”. El otro pasaje que habla de caballos y ganado es 3 Nefi 6:1, donde dice que “los nefitas volvieron todos a sus propias tierras, todo hombre con su familia, sus rebaños y hatos, sus caballos y su ganado, y cuantas cosas le pertenecían”.
Y se acabó. Ya no se mencionan más caballos en todo el Libro, salvo en las citas de Isaías. Esta última mención es del año 26 d.C. Según esto, los caballos asoman en las siguientes fechas y lugares:

Con los jareditas, en torno al 2200 a.C., durante el próspero reinado de Emer, al norte de la “estrecha lengua de tierra” (probablemente la zona de Oaxaca en México).

Entre los primeros nefitas y lamanitas, según los dos primeros libros de Nefi, en “la tierra de la primera herencia”, probablemente la zona de Guatemala-El Salvador-Honduras (600-570 a.C.).
En la tierra de Nefi, quizá el sur de México y Guatemala, en tiempos de Enós (450-420 a.C.).

Entre los lamanitas, en el episodio de Ammón y el rey Lamoni en el libro de Alma (90 a.C.).
En los años previos a la manifestación de Jesucristo en Zarahemla, probablemente al sur de la Península de Yucatán (18-26 d.C.).
Es llamativo que en los cuatrocientos años siguientes no se mencione ni una vez más ningún caballo. Estamos hablando, pues, de referencias muy localizadas en grupos muy localizados. No se afirma nunca que los caballos se extendieran como conejos por todo el continente americano. Es decir, el Libro de Mormón dice que sólo unos cuantos grupos en regiones limitadas del Nuevo Mundo conocían el caballo.

¿HAY O NO HAY RESTOS DE CABALLOS EN LA AMÉRICA PRECOLOMBINA?

Sí. Lo hay! Hay restos. Lo único que desconcierta a ciertos investigadores es que el Libro de Mormón dice que “la tierra estaba llena de caballos”. Entonces suponen que el Libro quiere decir que toda América estaba llena de caballos, por lo cual se deberían haber encontrado miles de huesos o dientes o muelas equinas. Pero no es así. El Libro de Mormón no dice tales disparates. La tierra de los nefitas era un área pequeña, una superficie como El Salvador. A partir de esa tesis sí que es posible pensar en pequeños reductos de caballos que apenas han dejado huellas.

Hay que tener en cuenta que pequeños grupos de animales en regiones limitadas algunas veces no dejan restos arqueológicos. Por ejemplo, según Gwyn Jones, es más que probable que los vikingos llevasen caballos, vacas, ovejas, cabras y cerdos al Este de Norteamérica en el siglo XI d.C. (Jones 1986:119), pero estos animales no han dejado restos (Wahlgren 1986:124). Otro ejemplo: los olmecas seguramente criaron perros y pavos, porque son animales muy presentes en los períodos tempranos del continente americano, pero tampoco hay restos de ellos. Es posible que los huesos hayan desaparecido por la acción de la humedad y la acidez de la tierra (Soustelle 1984:23). Último ejemplo, quizá el más significativo: los hunos de Asia Central durante los siglos IV y V d.C. tenían un potente ejército basado en la caballería. Hablamos de cientos de miles (quizá millones) de caballos. Bien, pues ¿pueden decirme dónde están los restos de caballos hunos? ¿Cuántos huesos de caballos hunos hemos encontrado? ¿No lo sospechan?... Se lo diré: Cero. Ninguno. Ni un molar (Bokonyi 1974:267). Sabemos de estos caballos por lo que nos cuenta la Historia escrita, pero no hay pruebas palpables, si por pruebas palpables entendemos restos de huesos.

Completemos nuestra perspectiva con la arqueología bíblica. Se destinan muchos millones de dólares a las excavaciones en las tierras bíblicas, muchos más que a la “arqueología mormona”. Ustedes saben que la Biblia menciona leones en Palestina. Pero durante decenas de años no se encontró un solo resto de león allí. Fue en 1988 cuando se encontraron dos pequeñas muestras (Martin 1988:83-84). Hasta entonces los arqueólogos ateos y los escépticos se reían de los judeo-cristianos. Y lo mismo ha sucedido con nosotros hasta hace poco: ciertos fundamentalistas bíblicos se reían del Libro de Mormón por lo de los caballos.
Así que tengan todos paciencia e infórmense. Mientras tanto, vamos con los hallazgos de restos de caballos confirmados:
Ya en 1941 Ivan Sanderson declaró que “hay un cuerpo de evidencias tanto de América Central como de las zonas rocosas de Haití […] que muestran que el caballo pudo ser conocido por el hombre de las Américas antes de la llegada de los españoles […] Es concebible que pequeñas poblaciones de caballos o animales semejantes continuasen existiendo hasta épocas muy posteriores en rincones de los dos continentes donde las condiciones fuesen favorables y donde fuesen libres de los ataques de otros animales y de enfermedades de parásitos que pudiesen causar su exterminio” (Sanderson 1941:39-40).

Yucatán, concretamente Mayapán: en un enclave indio de varios siglos antes de Colón se encontraron huesos de caballo en cuatro lugares, algunos de ellos modernos y dos de ellos precolombinos, en el Cenote de Ch’en Mul. Eran dos dentaduras de caballo en el estrato de la base, parcialmente mineralizadas, es decir, de bastante más antigüedad que 1492, junto a alfarería maya (Pollock y Ray 1957:638; Ray 1957:278).

Yucatán, complejo de cavernas de Loltun: en 1977 dos arqueólogos mexicanos encontraron un depósito de 16 capas (Welch, 1978:99). En el nivel VII encontraron alfarería, algunos de cuyos utensilios estaban hechos con huesos de caballo, hasta el nivel II, datados por el radiocarbono en 1800 a.C. Los fragmentos de cerámica tenían porciones del 900 al 400 a.C. (Schmidt 1988:250).

Uno de los hallazgos más sorprendentes es un sitio datado en el 100 d.C. en St. Petersburg, Florida, que contiene restos de un mamut, un mastodonte y un caballo (Sorenson 1985: 297-8. Ver también Hester, p. 185).

Otros restos en Yucatán: ver “Once Again the Horse”, F.A.R.M.S., junio 1984; John Welch, ed., Reexploring the Book of Mormon, 98-100.

Wisconsin: un esqueleto de caballo enterrado con artefactos indios en un montículo funerario, todo ello datado en el 700 d.C. (Baily 1990:4)

Louissiana: Holland Hague estudia la documentación de huesos equinos encontrados en este estado, datados por el radiocarbono en los primeros siglos después de Cristo (Hague, 1990).

Más recientemente, en 2001, el National Geographic mostró evidencias de caballos usados como alimento, lo cual corroboraba la convivencia entre la especie humana y la equina, durante tanto tiempo desechada por muchos estudiosos. El estudio se centraba en la punta de una lanza precolombina con proteínas de caballo (Mayell, 2001).

Esta misma convivencia, sin embargo, ya había sido vislumbrada por estudios de un paleontólogo decimonónico: en 1895 Henry C. Mercer estudió 29 cuevas del área de Puuc, en Yucatán. Encontró huesos de caballo en tres cuevas, Actun Sayab, Actun Lara, y Chektalen, que resultaron ser especies americanas del Pleistoceno, llamadas entonces Equus occidentalis L, pero que Mercer, en vista de que los huesos estaban en una capa superficial, decidió clasificar como Equus equus, el mismo caballo que luego traerían los españoles (Mercer 1892:172). En 1947 Robert T. Hatt repitió las excavaciones de Mercer y encontró en Actun Lara más restos de caballo americano, llamado entonces Equus conversidens (Hatt 1953). Esto simplemente probaba que el caballo y el hombre pudieron convivir en algunas zonas aisladas de Yucatán mucho antes de Colón.

Junto a estos yacimientos, tenemos hoy muchas imágenes, pintadas o esculpidas o talladas, donde se muestran caballos en épocas precolombinas, e incluso en épocas paralelas a las del Libro de Mormón. Aquí van unas cuantas:
  1. Caballo con una inscripción en alfabeto Ogham (antiguo alfabeto de origen irlandés y encontrado en América), referente a la diosa Epona: “Epona, la misma diosa de los caballos, observando el movimiento de las estrellas”, según Gloria Farley y Barry Fell. El conjunto está la Cueva nº2 de Anubis en Colorado, junto con inscripciones Ogham. Ver In Plain Sight Old World Records in Ancient America, de Gloria Farley, 1994.
  2. Figura del Picture Canyon, Colorado. Del mismo libro de Gloria Farley, 1994.
  3. Imagen con inscripciones Ogham descubierta en la zona oeste de Oklahoma. Se considera de la época de los constructores de montículos. Del mismo libro de Gloria Farley, 1994.
  4. Imagen de John Dan Reib, “ Peru 's Incredible Ica Stones”, The Ancient American November/December 1993. Es una de las 15.000 tallas que tiene el Dr. Javier Cabera en su museo en Ica, y procede de capas bajo lava volcánica del desierto de Ocucaje cerca de Ica, Perú.
  5. Un hombre con barba y un caballo, figura tallada en el Templo de Palques, Chichen Itzá, Yucatán, México. Fue fotografiado por Otto Done y apareció en The Improvement Era, December 1955.
  6. Relieve tallado sobre roca cerca de Monte Vista, Colorado. Apareció en The Improvement Era October 1955.
  7. Caballo procedente de Picture Canyon, Cirnarron County, Oklahoma, que muestra la asociación entre indios y caballos. Foto procedente de The Improvement Era October 1955.
  8. Imagen procedente de la página 100 de The Mystic Symbol Mark of The Michigan Mound Builders, de Henrietta Mertz (Global Books 1986). Es una tablilla tallada por los constructores de montículos de Michigan.
  9. Imagen de North Salem, Nueva York, del libro Saga America, del Dr. Berry Fell, 1980, pág. 57.
Para complementar el articulo aqui un link con descubrimientos de fosiles de Caballos en America , son recientes descubrimientos , en este link

http://evidencias-ellibrodemormon.blogspot.com/2009/03/hallan-restos-fosiles-del-caballo-mas.html

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5 comentarios:

matias dijo...

muy bueno tu blog

Joaquin dijo...

Solo una aclaracion, Palenque y Chichenitza son lugares diferentes, el primero esta en Chiapas y el segundo si esta en Yucatan.

Anónimo dijo...

También en Europa hay dibujos de dragones y éstos no existen, a menos que lo haya dicho el "inspirado" profeta Smith. Pero yo les pregunto : ¿ En que museo están los restos de aunque sea la pata de un caballo en América, antes de los españoles ?
Se ven ustedes que parece fueron a la escuela, pero creo que pasaron en blanco.

alvarorodr dijo...

bueno estos son algunos lugares concretos de restos arqueologicos de caballos Precolombinos.

sitio datado en el 100 d.C. en St. Petersburg, Florida, que contiene restos de un mamut, un mastodonte y un caballo (Sorenson 1985: 297-8. Ver también Hester, p. 185).


Yucatán, concretamente Mayapán: en un enclave indio de varios siglos antes de Colón se encontraron huesos de caballo en cuatro lugares, algunos de ellos modernos y dos de ellos precolombinos, en el Cenote de Ch’en Mul. Eran dos dentaduras de caballo en el estrato de la base, parcialmente mineralizadas, es decir, de bastante más antigüedad que 1492, junto a alfarería maya (Pollock y Ray 1957:638; Ray 1957:278)

Otros restos en Yucatán: ver “Once Again the Horse”, F.A.R.M.S., junio 1984; John Welch, ed., Reexploring the Book of Mormon, 98-100.
Wisconsin: un esqueleto de caballo enterrado con artefactos indios en un montículo funerario, todo ello datado en el 700 d.C. (Baily 1990:4)

Más recientemente, en 2001, el National Geographic mostró evidencias de caballos usados como alimento, lo cual corroboraba la convivencia entre la especie humana y la equina, durante tanto tiempo desechada por muchos estudiosos. El estudio se centraba en la punta de una lanza precolombina con proteínas de caballo (Mayell, 2001).

saludos

Juanca Hurtado dijo...

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Hasta cuándo la necedad? Abre bien los ojos y también tu corazón...

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