25 enero 2016

Deforestación Maya

El Libro de Mormón, menciona en un determinado tiempo, que el pueblo se habían quedado sin madera; algo muy extraño para una zona tan abundante en árboles como es Mesoamérica, sin embargo, estudios modernos confirman que en la misma época, existió una deforestación que afectó a toda esa zona. 

Autora: Natalia Erices Bustos, Licenciada en Historia, Universidad de Concepción, Chile


La deforestación producida por los mayas es mencionada en el libro de Helamán en el Libro de Mormón.

Los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, somos cristianos, pero a pesar de ello, nos diferenciamos del resto del mundo en varias cosas; una de ellas es el Libro de Mormón. 

Para nosotros, SUD (Santos de los últimos días) el Libro de Mormón, es una narración de pueblos americanos que fueron descendientes de judíos y que llegaron a este continente por medio de un viaje transoceánico. 

Nosotros creemos en la veracidad total de los relatos que en este Libro se incluyen, sin embargo hay personas que están conociendo la Iglesia o incluso quienes son detractores de ella, que no le encuentran sentido a los dichos en las páginas de este maravilloso Libro. 

Nosotros no necesitamos buscar una correlación histórica de las narraciones de los profetas de este Libro, pues creemos en él por fe y testimonio, sin embargo, consideramos necesario avanzar en el área de investigación histórica y poder dar a conocer al resto del mundo las coherencias que existen entre los hallazgos sobre pueblos prehispánicos y los relatos del Libro de Mormón, a fin de apoyar nuestra convicción de su veracidad.

Al inicio del capítulo tres del libro de Helamán,  se menciona que muchos nefitas emigraron a la “tierra del norte”, sin embargo hay un dato (no menor), que para muchos pasa desapercibido, el cual es mencionado en el quinto versículo:
“Sí, y se esparcieron por todas partes de aquella tierra, por todos los parajes que no habían quedado desolados y sin madera….”
La pregunta que podemos hacernos tiene que ver con el hecho que provocó la existencia de  dichos lugares sin árboles.  

Existe una respuesta para esa interrogante, ya que, se han realizado investigaciones que demuestran una realidad muy diferente a la que podemos pensar respecto a una de las grandes civilizaciones prehispánicas: “Los Mayas”. 

Por lo general se asocia a estos pueblos con personas muy respetuosas de su medio ambiente, sin embargo se llegó a la conclusión de que los Mayas realizaban una deforestación antropogénica. El término deforestación antropogénica tiene que ver con el hecho de que  fue provocada directamente por procesos humanos, y no por procesos naturales, es decir, se trata de una deforestación totalmente causada por la mano del hombre.

Algunos autores tienen ideas del porqué de esta deforestación y es en ese contexto que Thomas Server, arqueólogo  de la Universidad de Alabama plantea que la necesidad de la tala de árboles se debe al denominado “estuco”. Este consiste en una pasta de grano fino compuesta de cal, mármol, yeso y pigmentos naturales. La madera pasaba a ser el combustible para la preparación de este material, ya que este fue trascendental para la construcción de sus enormes monumentos (con ello llenaban los espacios y era una especie de pegamento para las piedras). 

Server asegura que debían quemar veinte árboles para calentar el estuco suficiente para la construcción de solo un metro cuadrado. 

Haciendo una extrapolación a esta cifra es que Richard Hansen nos señala que se necesitaban cortar todos los árboles de una superficie de unos 6,5 kilómetros cuadrados para cubrir de estuco solo una pirámide 1

La tala indiscriminada de árboles no solo significó la desolación de numerosos parajes de nuestro continente sino que también contribuyó a un cambio climático que a su vez coadyuvó a la desaparición de esta gran civilización.  Existen numerosos estudios realizados por climatólogos que sustentan esta idea .

Ahora, si analizamos de forma temporal estos hechos relatados en el Libro de Helamán, podemos concluir que ocurrieron aproximadamente 40 años antes de la venida de Jesucristo, lo cual calza perfectamente con la presencia de los Mayas en el continente; civilización a la que se le atribuye una existencia de cerca de 1200 años, teniendo como época cúspide (de ahí su declive como civilización) el año 900 después de Cristo aproximadamente. 

Estos datos respecto a los tiempos nos ayudan a afirmar lo que proponemos en el título de este artículo; una vez que los Mayas deforestaban por completo un sitio, debían abandonarlo por un tiempo.

De esta manera, como señala nuevamente Thomas Server, "Sabemos que por cada período de 1 a 3 años en los cuales se cultive una porción de tierra, se necesita dejarla en barbecho recuperándose durante 15 años. Durante ese tiempo, los árboles y el resto de la vegetación pueden volver a crecer mientras se tala y se quema otra área de cultivo" 2.

Por ser una civilización que estaba en constante desarrollo, es muy probable que no pudiesen esperar por tan largo tiempo en un lugar hasta poder volver a utilizar la tierra, por lo cual debían ir trasladándose por los diversos parajes que ofrece nuestro continente, produciendo un abandono total de los lugares deforestados. 

Fuentes:
  1. Extraído de : http://www.arboricultura.org.mx/2014/05/estuco-la-deforestacion-antropogenica-ancestral-maya/
  2. Server, Thomas “ La caída de los mayas: Ellos mismos la ocasionaron”, traducido al español en http://ciencia.nasa.gov/science-at-nasa/2009/06oct_maya/

04 noviembre 2015

La traducción del Libro de Mormón

(Artículo oficial de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días)


José Smith declaró que el Libro de Mormón era “el más correcto de todos los libros sobre la tierra, y la clave de nuestra religión; y que un hombre se acercaría más a Dios al seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro”. El Libro de Mormón llegó al mundo a través de una serie de acontecimientos milagrosos 1. Se puede saber mucho del surgimiento del texto en inglés del Libro de Mormón al estudiar cuidadosamente las declaraciones hechas por José Smith, sus escribientes y otras personas muy cercanas que participaron en la traducción del Libro de Mormón.

“Por el don y el poder de Dios”

José Smith relató que la noche del 21 de septiembre de 1823, mientras oraba en la habitación superior de la pequeña cabaña de sus padres en Palmyra, Nueva York, se le apareció un ángel que se llamaba Moroni y que le dijo a José que “Dios tenía una obra para [él]” 2. Moroni informó a José de que “se hallaba depositado un libro, escrito sobre planchas de oro, el cual daba una relación de los antiguos habitantes de este continente, así como del origen de su procedencia”. El libro se encontraba en un cerro cercano a la granja de la familia Smith. Este registro no era algo común y corriente, ya que contenía “la plenitud del evangelio eterno cual el Salvador lo había comunicado” 3.

El ángel encargó a José Smith que tradujera de la antigua lengua en la que se había escrito el libro. Sin embargo, el joven había recibido muy poca educación formal y era incapaz de escribir un libro por sí mismo, y aún menos traducir un antiguo libro escrito en una lengua desconocida, mencionada en el Libro de Mormón como “egipcio reformado” 4. Emma, la esposa de José, insistió en que, cuando se llevó a cabo la traducción, José “no era capaz de escribir ni dictar una carta coherente y bien formulada, ni mucho menos un libro como el Libro de Mormón” 5.

José Smith recibió las planchas en septiembre de 1827 y la primavera siguiente, en Harmony, Pensilvania, comenzó a traducirlas con fervor. Emma y su amigo Martin Harris fueron sus principales escribientes. La transcripción resultante en inglés, conocida como el Libro de Lehi y, según José Smith, redactada en 116 páginas, posteriormente se perdió o fue robada. Como resultado, José Smith fue reprendido por el señor y perdió la capacidad para traducir durante un corto tiempo 6.

José comenzó a traducir otra vez en 1829 y casi todo el texto actual del Libro de Mormón se tradujo durante un período de tres meses, entre abril y junio de ese año. Durante esos meses, su escribiente fue Oliver Cowdery, un maestro de escuela de Vermont que había oído hablar del Libro de Mormón mientras se hospedaba en casa de los padres de José en Palmyra. Llamado por Dios en una visión, Cowdery viajó a Harmony para conocer a José Smith e investigar más a fondo. Cowdery describió su experiencia como escribiente con estas palabras: “Estos fueron días inolvidables: ¡Estar sentado oyendo el son de una voz dictada por la inspiración del cielo!” 7.

El manuscrito que José Smith dictó a Oliver Cowdery y otras personas se conoce actualmente como el manuscrito original, del que se conserva todavía un 28 por ciento aproximadamente 8. Este manuscrito corrobora las declaraciones de José Smith de que el manuscrito se redactó en un corto plazo y que fue dictado procedente de otro idioma. Por ejemplo, incluye errores que sugieren que el escribiente se equivocó al oír las palabras, en lugar de equivocarse al leer las palabras copiadas de otro manuscrito 9. Asimismo, en el manual original aparecen algunas construcciones gramaticales más características de las lenguas del Cercano Oriente que del inglés, lo que sugiere que la lengua original de la traducción no era el inglés 10.

A diferencia de la mayor parte de los borradores dictados, el manuscrito original era considerado por José Smith, en esencia, un producto final. Para ayudar en la publicación del libro, Oliver Cowdery hizo una copia a mano del manuscrito original. Esta copia se conoce actualmente como el manuscrito del impresor. Puesto que José Smith no indicaba los signos de puntuación, como los puntos, las comas o los signos de interrogación conforme iba dictando, en el manuscrito original no aparecen esos signos. El tipógrafo insertó posteriormente los signos de puntuación cuando preparó el texto para imprimirlo 11. Con las excepciones de la puntuación, el formato, otros elementos tipográficos y algunos pequeños ajustes necesarios para corregir errores realizados al copiar y por los escribientes, la copia dictada se convirtió en el texto de la primera edición impresa del libro 12.

Instrumentos de la traducción

Muchos de los relatos de la Biblia reflejan que Dios daba revelaciones a Sus profetas de muchas formas distintas. Elías aprendió que Dios no le hablaba a través del viento, el fuego o un terremoto, sino mediante “una voz suave y apacible”13. Pablo y otros de los primeros apóstoles se comunicaron en ocasiones con ángeles y, otras veces, con el Señor Jesucristo. En otras ocasiones, la revelación llegó en forma de sueños o visiones, como la revelación que recibió Pedro 14 de que debía predicar el Evangelio a los gentiles; o mediante objetos sagrados como el Urim y Tumim 15.

José Smith destaca entre los profetas de Dios porque fue llamado para expresar en su propia lengua un volumen completo de Escrituras, que ocupaba más de 500 páginas impresas y que contenía doctrina que profundizaría y ampliaría los conocimientos teológicos de millones de personas. Para esa tarea monumental, Dios preparó ayuda adicional y práctica en forma de instrumentos físicos.

Los escribientes de José Smith y él escribieron acerca de dos instrumentos que utilizaron en la traducción del Libro de Mormón. Según los testigos de la traducción, cuando José miraba por los instrumentos, las palabras de las Escrituras aparecían en inglés. Un instrumento, que en el Libro de Mormón se menciona como los “intérpretes”, es más conocido por los Santos de los Últimos Días de la actualidad como el “Urim y Tumim”. José encontró los “intérpretes” enterrados en el cerro junto con las planchas 16. Las personas que vieron los “intérpretes” los describieron como un par de piedras transparentes unidos por un borde metálico. En el Libro de Mormón se hace referencia a este instrumento, junto con su pectoral, como algo que “la mano del Señor… ha preservado y guardado” y que “se transmitieron de generación en generación con objeto de interpretar idiomas” 17.

El otro instrumento, que José Smith descubrió enterrado en el suelo años antes de recibir las planchas de oro, era una pequeña piedra ovalada o “piedra vidente” 18. Cuando era joven, durante la década de 1820, José Smith, al igual que otras personas de la época, utilizó una piedra vidente para buscar objetos perdidos y tesoros enterrados 19. Cuando José comprendió su llamamiento profético, se dio cuenta de que podía usar esa piedra para un fin más elevado: traducir Escrituras 20.

Parece ser que, por comodidad, José tradujo con frecuencia con la piedra vidente en lugar de con las dos piedras unidas para constituir los intérpretes. Esos dos instrumentos (los intérpretes y la piedra vidente) eran, aparentemente, intercambiables, y funcionaban prácticamente de la misma manera, así que, con el tiempo, José Smith y sus compañeros utilizaron con frecuencia el término “Urim y Tumim” para referirse tanto a la piedra vidente como a los intérpretes 21. En la antigüedad, los sacerdotes israelitas utilizaron el Urim y Tumim como ayuda para recibir comunicación divina. Aunque hay comentaristas que discrepan con respecto al carácter de este instrumento, varias fuentes antiguas indican que el instrumento contenía piedras que se encendían o iluminaban por medios divinos 22. Los Santos de los Últimos Días, con el tiempo, llegaron a entender el término “Urim y Tumim” como una referencia exclusiva a los intérpretes. Sin embargo, parece ser que José Smith y otras personas entendían este término más como una categoría descriptiva de instrumentos para recibir revelaciones divinas que como el nombre de un instrumento concreto.

Algunas personas se han negado a aceptar esta afirmación relativa al uso de instrumentos físicos en el proceso divino de la traducción, pero este tipo de ayuda para facilitar la comunicación del poder y la inspiración de Dios es coherente con los relatos de las Escrituras. Además del Urim y Tumim, la Biblia menciona otros instrumentos físicos utilizados para acceder al poder de Dios: la vara de Aarón, una serpiente de bronce, aceites sagrados de unción, el arca del convenio e, incluso, lodo hecho de tierra y saliva para sanar los ojos de un ciego 23.

La mecánica de la traducción
En el prefacio de la edición de 1830 del Libro de Mormón, José Smith escribió: “Les comunico que, por el don y el poder de Dios, yo traduje [el libro]”. Cuando se le pidieron detalles sobre el proceso de traducción, José repitió en varias ocasiones que se había llevado a cabo “por el don y el poder de Dios” 24; y en una ocasión añadió: “No se ha tenido la intención de decirle al mundo los detalles de la salida a luz del Libro de Mormón” 25.

No obstante, los escribientes y otras personas que observaron el proceso de traducción dejaron numerosos testimonios que arrojan algo de luz sobre el proceso. Algunos relatos indican que José Smith estudiaba los caracteres de las planchas. Los relatos, en su mayoría, indican que José usaba el Urim y Tumim (los intérpretes o la piedra vidente) y muchos relatos mencionan que utilizaba una sola piedra. Según estos relatos, José colocaba los intérpretes o la piedra vidente en un sombrero, apoyaba el rostro en el sombrero para bloquear la luz externa y leía en voz alta las palabras en inglés que aparecían en el instrumento 26. El proceso, tal y como se describió, recuerda un pasaje del Libro de Mormón que habla de que Dios prepararía “una piedra que brillará en las tinieblas hasta dar luz” 27.

Los escribientes que ayudaron en la traducción creían sin lugar a dudas que José tradujo por el poder divino. La esposa de José, Emma, explicó que ella “escribía con frecuencia día tras día” en una pequeña mesa de su casa de Harmony, Pensilvania. Emma describió a José “sentado, con la cara metida en su sombrero, que contenía la piedra, dictando hora tras hora, sin ningún objeto entre nosotros” 28. Según Emma, las planchas “se quedaban con frecuencia sobre la mesa, sin ningún intento de ocultarlas, envueltas en un pequeño mantel”. Cuando se le preguntó si José había dictado de la Biblia o de un manuscrito que había preparado con antelación, Emma negó categóricamente esas posibilidades: “No tenía ningún manuscrito ni libro del que pudiera leer”. Emma le dijo a su hijo, Joseph Smith III: “La autenticidad del Libro de Mormón es divina. No tengo la más mínima duda al respecto. Estoy convencida de que ningún hombre habría podido dictar los manuscritos si no hubiese sido inspirado; pues, cuando fui su escriba, tu padre me dictaba hora tras hora; y cuando retomábamos la labor tras las comidas o tras una interrupción, inmediatamente comenzaba donde lo había dejado, sin ni siquiera ver el manuscrito ni hacer que le leyese parte alguna del mismo” 29.

Otro escribiente, Martin Harris, se sentaba al otro lado de la mesa, frente a José Smith, y escribía las palabras que José le dictaba. Harris recordó posteriormente que cuando José utilizaba la piedra vidente para traducir, aparecían las frases. José leía esas frases en voz alta y Harris, tras escribir las palabras, decía: “Escrito”. En una entrevista realizada por un conocido, Harris dijo que José “poseía una piedra vidente, con la que podía traducir, así como con el Urim y Tumim, y por comodidad utilizaba la piedra vidente” 30.

El principal escribiente, Oliver Cowdery, testificó bajo juramento en 1831 que José Smith “encontró junto con las planchas, a partir de las cuales tradujo su libro, dos piedras transparentes, que parecían de cristal, colocadas con unos aros de plata. Y, al mirar a través de ellas, podía leer en inglés los caracteres del egipcio reformado, que estaban grabados en las planchas”31. En otoño de 1830, Cowdery visitó Union Village, Ohio, y habló sobre la traducción del Libro de Mormón. Poco tiempo después, un habitante del pueblo dijo que la traducción se llevó a cabo mediante “dos piedras transparentes, como unas lentes, a través de las cuales el traductor miraba el texto grabado” 32.

Conclusión

José Smith testificó continuamente que había traducido el Libro de Mormón por el “don y el poder de Dios”. Sus escribientes compartieron ese testimonio. El ángel que comunicó la existencia de un registro antiguo grabado en planchas de metal, enterrado en un cerro, y los instrumentos divinos preparados especialmente para que José Smith lo tradujera, formaban parte de los que José y sus escribientes consideraban el milagro de la traducción. Cuando José Smith se sentó en 1832 por primera vez a escribir su propia historia, empezó por la promesa de incluir “un relato de su experiencia maravillosa” 33. La traducción del Libro de Mormón fue, en verdad, algo maravilloso.

En la actualidad se puede conocer la verdad del Libro de Mormón y de su origen divino. Dios nos invita, a cada uno de nosotros, a leer el libro, recordar la misericordia del Señor, meditar en nuestro corazón y preguntar “a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas”. Dios promete que “si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo” 34.

Fuentes
  1. Diario de Wilford Woodruff, 28 de noviembre de 1841, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City.
  2. Con respecto a la identidad del ángel, véase Karen Lynn Davidson, David J. Whittaker, Mark Ashurst-McGee y Richard L. Jenson, ed., Histories, Volume 1: Joseph Smith Histories, 1832–1844, tomo I de la serie “Histories” de The Joseph Smith Papers, edición de Dean C. Jessee, Ronald K. Esplin y Richard Lyman Bushman (Salt Lake City: Prensa del historiador de la Iglesia, 2012), pág. 223, nº 56.
  3. Davidson et al., Joseph Smith Histories, pág. 223; puntuación normalizada; José Smith, “Church History”, Times and Seasons 3 (1 de marzo de 1842), págs. 706-707. Véase también José Smith—Historia 1:33–34.
  4. Mormón 9:32. Véase también 1 Nefi 1:2.
  5. “Last Testimony of Sister Emma,” Saints’ Herald 26 (1 de octubre de 1879), pág. 290. Cursiva en el original.
  6. Joseph Smith History [Historia de José Smith], de 1838 a aproximadamente 1841, págs. 8–11 (borrador 2), en Karen Lynn Davidson, David J. Whittaker, Mark Ashurst-McGee, and Richard L. Jenson, ed., Histories, Volume 1: Joseph Smith Histories, 1832–1844, tomo I de la serie “Histories” de The Joseph Smith Papers, edición de Dean C. Jessee, Ronald K. Esplin y Richard Lyman Bushman (Salt Lake City: Prensa del historiador de la Iglesia, 2012), págs. 252–253; disponible en josephsmithpapers.org. Doctrina y Convenios 3:5–15
  7. Joseph Smith History [Historia de José Smith], en torno al verano de 1832, en Joseph Smith Histories, pág. 16; Oliver Cowdery se dirige a William W. Phelps, 7 de septiembre de 1834, en Messenger and Advocate 1 (octubre de 1834), pág. 14; cursiva en el original.
  8. La mayor parte del manuscrito se desintegró o quedó ilegible debido a los daños provocados por el agua entre 1841 y 1882, ya que se había colocado en la piedra angular del Mesón de Nauvoo en Nauvoo, Illinois. La mayoría de las páginas que se conservaron se archivaron posteriormente en la oficina del historiador de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en Salt Lake City. El resto del manuscrito original se ha publicado en The Original Manuscript of the Book of Mormon: Typographical Facsimile of the Extant Text, ed. Royal Skousen (Provo, UT: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies, 2001). Oliver Cowdery y otros dos escribientes no identificados redactaron una copia íntegra de este original, conocida como el manuscrito del impresor, entre agosto de 1829 y principios de 1830. Se utilizó para preparar la tipografía de la mayor parte de la impresión en Palmyra. El manuscrito del impresor se publicó en The Printer’s Manuscript of the Book of Mormon: Typological Facsimile of the Entire Text in Two Parts, ed. Royal Skousen (Provo, UT: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies, 2001). Tanto el manuscrito del impresor como el manuscrito original se publicarán en tomos futuros de The Joseph Smith Papers. (Dean C. Jessee, “The Original Book of Mormon Manuscript”, BYU Studies 10, nº 3 [primavera de 1970], págs. 261–272; Royal Skousen, “Piecing Together the Original Manuscript”, BYU Today 46, nº 3 [mayo de 1992], págs. 18–24.)
  9. Por ejemplo, cuando José tradujo el texto que actualmente se encuentra en 1 Nefi 13:29, el escribiente puso “&” [se pronuncia “and”] en un lugar en el que debería haber escrito “an”. En 1 Nefi 17:48, el escribiente escribió “weed” donde debería haber escrito “reed”. (Véase Royal Skousen, “Translating the Book of Mormon: Evidence from the Original Manuscript”, en Noel B. Reynolds, ed., Book of Mormon Authorship Revisited: The Evidence for Ancient Origins [Provo, UT: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies, 1997], pág. 67; véase también Grant Hardy, “Introduction”, en The Book of Mormon: The Earliest Text, ed. Royal Skousen [New Haven: Yale University Press, 2009], págs. xv–xix.)
  10. John A. Tvedtnes, “Hebraisms in the Book of Mormon” y “Names of People: Book of Mormon”, en Geoffrey Kahn, ed., Encyclopedia of Hebrew Language and Linguistics (Brill Online, 2013); M. Deloy Pack, “Hebraisms,” en Book of Mormon Reference Companion, ed. Dennis L. Largey (Salt Lake City: Deseret Book, 2003), págs. 321–325; John A. Tvedtnes, “The Hebrew Background of the Book of Mormon”, en John L. Sorenson y Melvin J. Thorne, ed., (Salt Lake City y Provo, UT: Deseret Book y Foundation for Ancient Research and Mormon Studies, 1991), págs. 77–91; Donald W. Parry, “Hebraisms and Other Ancient Peculiarities in the Book of Mormon”, en Donald W. Parry and others, ed., Rediscovering the Book of Mormon (Provo, UT: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies, 2002), págs. 155–189.Echoes and Evidences of the Book of Mormon
  11. Con respecto al papel desempeñado por el tipógrafo, John Gilbert, véase Royal Skousen, “John Gilbert’s 1892 Account of the 1830 Printing of the Book of Mormon”, en Stephen D. Ricks y otros, ed., The Disciple as Witness: Essays on Latter-day Saint History and Doctrine in Honor of Richard Lloyd Anderson (Provo, UT: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies, 2000), págs. 383–405.
  12. Algunas construcciones gramaticales que resultan extrañas para los anglófonos fueron modificadas en ediciones posteriores del Libro de Mormón por José Smith u otras personas, para que la traducción se ajustara más al inglés estándar actual. Véase Richard E. Turley Jr. y William W. Slaughter, How We Got the Book of Mormon (Salt Lake City: Deseret Book, 2011), págs. 44–45. Aproximadamente, la tipografía de cinco sextas partes de la primera edición del Libro de Mormón de 1830 se hizo a partir del manuscrito del impresor. La tipografía de la sexta parte restante se hizo a partir del manuscrito original. (Royal Skousen, “Editor’s Preface”, en The Book of Mormon: The Earliest Text, pág. xxx.)
  13. 1 Reyes 19:11–12.
  14. Hechos 9:1–8; 12:7–9.
  15. Hechos 11:4–17; 16:9–10; Éxodo 28:30; Levítico 8:8; Números 21:9.
  16. Michael Hubbard MacKay, Gerrit J. Dirkmaat, Grand Underwood, Robert J. Woodford y William G. Hartley, ed., Documents, Volume 1: July 1828–June 1831, tomo I de la serie “Documents” de Los documentos de José Smith, edición de Dean C. Jessee, Ronald K. Esplin, Richard Lyman Bushman y and Matthew J. Grow (Salt Lake City: Prensa del historiador de la Iglesia, 2013), pág. xxix.
  17. Mosíah 28:14–15, 20; véase también Mosíah 8:13, 19; y Éter 4:5. Parece ser que José Smith utilizó indistintamente los términos “intérpretes” y “lentes” durante los primeros años de la Iglesia. Nancy Towle, una predicadora metodista itinerante, relató que José Smith le habló de “un par de ‘intérpretes’ (tal y como él los llamaba) que parecían unas lentes, y que al mirar por ellos podía leer lo que estaba grabado en las planchas, aunque estaba escrito en una lengua desconocida por él”. (Nancy Towle, Vicissitudes Illustrated in the Experience of Nancy Towle, in Europe and America [Charleston: James L. Burges, 1832], págs. 138-139.) En la historia de José de 1832 se mencionan unas “lentes”. (Joseph Smith History [Historia de José Smith], en torno al verano de 1832, en Joseph Smith Histories, pág. 16.) En enero de 1833, el periódico de los Santos de los Últimos Días, The Evening and the Morning Star, editado por William W. Phelps, equiparó “lentes” e “intérpretes” con el término “Urim y Tumim”: el Libro de Mormón “fue traducido por el don y el poder de Dios, por un hombre inculto, con la ayuda de un par de intérpretes, o lentes (conocidos quizás en la antigüedad como terafín, o Urim y Tumim)”. (“The Book of Mormon”, The Evening and the Morning Star, enero de 1833, pág. [2].) Hacia 1835, José Smith utilizaba sobre todo el término “Urim y Tumim” cuando hablaba de la traducción y muy rara vez, si es que alguna vez lo hizo, utilizó los términos “intérpretes” o “lentes”. (Diario de José Smith, 9-11 de noviembre de 1835, en Journals: Volume 1: 1832-1839, pág. 89; Joseph Smith, History, 1834-1836, en Davidson et al., Histories, Volume 1, pág. 116; John W. Welch, “The Miraculous Translation of the Book of Mormon”, en John W. Welch, ed., con Erick B. Carlson, [Provo, UT, y Salt Lake City: Prensa de la Universidad Brigham Young y Deseret Book, 2005], págs. 123-128.)Opening the Heavens: Accounts of Divine Manifestations, 1820–1844
  18. Es probable que José Smith tuviera más de una piedra vidente. Parece ser que encontró una de las piedras mientras cavaba un pozo por el año 1822. (Richard L. Bushman, Joseph Smith and the Beginnings of Mormonism [Urbana: University of Chicago Press, 1984], págs. 69–70.)
  19. Según Martin Harris, un ángel mandó a José Smith que abandonara esas actividades; José lo hizo por el año 1826. (Véase Bushman, Joseph Smith and the Beginnings of Mormonism, págs. 64–76; y Richard Lloyd Anderson, “The Mature Joseph Smith and Treasure Searching”, BYU Studies 24, nº 4 [otoño de 1984]: págs. 489–560.) José no ocultó su participación en la búsqueda de tesoros durante esos primeros años, algo que era bien sabido. En 1838 publicó respuestas a preguntas que se le planteaban con frecuencia. Una de las preguntas era: “¿No fue “Jo” Smith un buscador de dinero?”. “Sí”, contestó José, “pero nunca fue un trabajo demasiado provechoso para él, ya que sólo consiguió catorce dólares al mes por ello”. (Selecciones de Elders’ Journal, julio de 1838, pág. 43, disponible en josephsmithpapers.org.) Para obtener información sobre un contexto cultural más amplio, véase Alan Taylor, “The Early Republic’s Supernatural Economy: Treasure Seeking in the American Northeast, 1780–1830”, American Quarterly 38, nº 1 (primavera de 1986), págs. 6–33.
  20. Mark Ashurst-McGee, “A Pathway to Prophethood: Joseph Smith Junior as Rodsman, Village Seer, and Judeo-Christian Prophet”, (tesis de maestría, Universidad del Estado de Utah, 2000).
  21. Por ejemplo, cuando José Smith mostró una piedra vidente a Wilford Woodruff a finales de 1841, Woodruff escribió en su diario lo siguiente: “He tenido el privilegio de ver, por primera vez en mi vida, el URIM Y TUMIM”. (Diario de Wilford Woodruff, 27 de diciembre de 1841, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City.) Véase también Doctrina y Convenios 130:10.
  22. Cornelius Van Dam, The Urim and Thummim: A Means of Revelation in Ancient Israel (Winona Lake, IN: Eisenbrauns, 1997), págs. 9–26.
  23. Éxodo 7:9-12; 30:25; 40:9; Levítico 8:10-12; Números 21:9; Josué 3:6-8; Juan 9:6.
  24. Prefacio del Libro de Mormón, edición de 1830.
  25. Acta, conferencia de la Iglesia, Orange, Ohio, 25 y 26 de octubre de 1831, en el Libro de actas 2, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City, disponible en josephsmithpapers.org; Welch, “Miraculous Translation”, págs. 121–129.
  26. Prácticamente todos los relatos sobre el proceso de traducción se reproducen en Welch, “Miraculous Translation”. Dos de los relatos sobre el proceso de traducción, que incluyen el uso de una piedra vidente, han sido escritos por miembros del Quórum de los Doce Apóstoles y se han publicado en revistas de la Iglesia. También hay historiadores que han escrito sobre la piedra vidente en las publicaciones de la Iglesia, tanto en la revista Ensign como en The Joseph Smith Papers. (Véase Neal A. Maxwell, “By the Gift and Power of God”, Ensign, enero de 1997, págs. 36–41; Russell M. Nelson, “A Treasured Testament”, Ensign, julio de 1993, págs. 61–63; Richard Lloyd Anderson, “‘By the Gift and Power of God’”, septiembre de 1977, págs. 78–85; y Ensign, págs. xxix–xxxii.)Documents, Volume 1: July 1828–June 1831,
  27. Alma 37:23-24.
  28. “Last Testimony of Sister Emma”, Saints’ Herald 26 (1 de octubre de 1879), págs. 289–290. Algunos relatos externos describen que las lentes se colocaban en el sombrero durante el proceso de traducción. Un periódico de Palmyra publicó el primer relato conocido sobre la traducción en agosto de 1829: Jonathan Hadley, un impresor de Palmyra que podría haber hablado con José Smith sobre la traducción, afirmó que las planchas se encontraron con un “enorme par de lentes” y que “al colocar las lentes en un sombrero y mirar por ellas, Smith podía (al menos eso fue lo que dijo) interpretar esos caracteres”. (“Golden Bible”, Palmyra Freeman, 11 de agosto de 1829, pág. [2].) En el invierno de 1831, en Union Village, Ohio, un miembro de los tembladores habló de “dos piedras transparentes con forma de lentes”, a través de las cuales el traductor “miraba los grabados; después ponía su rostro en un sombrero y la interpretación fluía a su mente”. (Christian Goodwillie, “Shaker Richard McNemar: The Earliest Book of Mormon Reviewer”, Journal of Mormon History 37, nº 2 [primavera de 2011], pág. 143.)
  29. “Last Testimony of Sister Emma”, págs. 289–290.
  30. “One of the Three Witnesses”, Deseret Evening News, 13 de diciembre de 1881, pág. 4. Martin Harris utiliza aquí el término “Urim y Tumim” para referirse a los intérpretes que se hallaron con las planchas.
  31. A. W. B., “Mormonites”, Evangelical Magazine and Gospel Advocate 2 (19 de abril de 1831), pág. 120.
  32. Goodwillie, “Shaker Richard McNemar”, pág. 143. Para obtener más información sobre otros relatos de uno de los Tres Testigos sobre la traducción, véase David Whitmer Interviews: A Restoration Witness, ed. Lyndon W. Cook (Orem, UT: Grandin Book, 1991).
  33. Joseph Smith History [Historia de José Smith], en torno al verano de 1832, pág. 1, en Histories, Volume 1, 1832–1844, pág. 10; disponible en josephsmithpapers.org. Ortografía modernizada.
  34. Moroni 10:3–5.
La Iglesia reconoce la contribución de eruditos al contenido histórico presentado en este artículo. Sus obras se han usado con autorización.

13 octubre 2015

El Libro de Mormón y los estudios de ADN

(Artículo oficial de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días)


La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días afirma que el Libro de Mormón es un volumen de Escrituras sagradas que se compara a la Biblia. Contiene un registro de la relación que Dios tuvo con tres grupos de personas que migraron desde el Medio Oriente o el occidente de Asia al continente americano cientos de años antes de la llegada de los europeos 1.

Aunque el propósito primordial del Libro de Mormón es más espiritual que histórico, algunas personas se han preguntado si las migraciones que el libro describe concuerdan con los estudios científicos hechos en la antigua América. El debate se ha centrado en el campo de la genética de poblaciones y en los avances de la ciencia con respecto al ADN. Algunas personas sostienen que las migraciones que se mencionan en el Libro de Mormón no ocurrieron ya que la mayoría del ADN que se ha localizado hasta la fecha en los pueblos indígenas modernos se asemeja más al de los pobladores del este de Asia 2.

Los principios básicos de la genética de poblaciones sugieren la necesidad de un análisis más detenido de los datos. Los hallazgos de la genética no son definitivos, al igual que los de cualquier ciencia, y todavía queda mucho por hacer para entender el origen de las poblaciones indígenas del continente americano. Nada se sabe acerca del ADN de los pueblos mencionados en el Libro de Mormón, y aun cuando se supiera su perfil genético, existen razones científicas lógicas que indican que podría quedar sin determinarse. Por esas mismas razones, los argumentos formulados por algunos defensores del Libro de Mormón que se basan en estudios del ADN también son especulativos. En pocas palabras, no se puede hacer uso de los estudios del ADN de manera decisiva para afirmar o rechazar la autenticidad histórica del Libro de Mormón.

Los antepasados de los amerindios

Las pruebas recopiladas hasta la fecha indican que la mayoría de los amerindios son en su mayoría portadores del ADN que caracteriza a los pobladores de Asia 3. Los científicos sostienen la teoría de que en una época que precedió a la de los registros del Libro de Mormón, un grupo relativamente pequeño de personas emigró del noreste de Asia hacia el continente americano por medio de un puente de tierra que conectaba Siberia con Alaska 4. Según los científicos, ese grupo creció y se propagó rápidamente para poblar Norte, Centro y Sudamérica, y es probable que sean los principales antepasados de los amerindios modernos 5.

El Libro de Mormón proporciona poca información directa en cuanto al contacto cultural producido entre los pueblos que describe y otros pobladores que hayan vivido cerca. En consecuencia, la mayoría de los primeros Santos de los Últimos Días suponía que personas procedentes del Medio Oriente o del occidente de Asia como Jared, Lehi, Mulek y sus acompañantes fueron los primeros grupos o los grupos más grandes o incluso los únicos grupos que se establecieron en América. Con base en esa suposición, los críticos insisten en que el registro histórico del Libro de Mormón no permite la presencia de otras poblaciones grandes en el continente americano y que, por lo tanto, el ADN de los pobladores del Medio Oriente debería ser fácilmente reconocible entre los grupos de indígenas modernos.

Sin embargo, el Libro de Mormón en sí no afirma que los pueblos descritos fueran los habitantes predominantes o exclusivos de las tierras que ocupaban. De hecho, las pistas culturales y demográficas incluidas en el texto implican la presencia de otros grupos 6. En la Conferencia General de abril de 1929, el Presidente Anthony W. Ivins, de la Primera Presidencia advirtió: “Debemos tener cuidado con las conclusiones a las que llegamos. En el Libro de Mormón… no se dice que no había habitantes aquí antes que [los pueblos que describe] ni tampoco se dice que no vinieron otros pueblos después que ellos” 7.

José Smith parece haber estado dispuesto a considerar la idea de que hubo otras migraciones aparte de las que se describen en el Libro de Mormón 8, y durante el siglo pasado muchos líderes y eruditos de la Iglesia han determinado que el relato del Libro de Mormón es totalmente compatible con la presencia de otros pueblos establecidos 9. La modificación hecha en la introducción del Libro de Mormón en inglés en 2006 refleja ese punto de vista dado que indica que los pueblos del Libro de Mormón se hallan entre los “antecesores de los indios de las Américas” 10.

No se sabe nada en cuanto a las consecuencias de los matrimonios entre distintas poblaciones ni a la mezcla genética entre los pueblos del Libro de Mormón o sus descendientes, y otros habitantes del continente americano, aunque parece evidente que se produjo cierta mezcla, incluso durante el período que abarca el texto 11 del libro. Lo que parece claro es que el ADN de los pueblos del Libro de Mormón probablemente representaba solamente una fracción de todo el ADN de la antigua América. Pedir que se encuentre y se determine claramente el ADN de dichos pueblos en la actualidad podría ser imposible para la ciencia de la genética de poblaciones.

Interpretación de la evidencia genética

Un breve repaso de los principios básicos de la genética ayudará a explicar la forma en que los científicos se valen del ADN para estudiar las poblaciones de la antigüedad. También destacará lo difícil que es formular teorías contundentes en cuanto al Libro de Mormón mediante el estudio de la genética.

El ADN consiste en un juego de instrucciones que establece y sostiene la vida, y se encuentra en el núcleo de casi todas las células humanas. Está organizado en 46 unidades llamadas cromosomas, 23 de las cuales se reciben de cada uno de los progenitores. Esos cromosomas contienen aproximadamente tres mil doscientos millones de instrucciones. Dos personas indistintas comparten aproximadamente el 99,9 % de su disposición genética. Sin embargo, las miles de pequeñas diferencias ocasionan la amplia variación que existe entre la gente.

Las variaciones genéticas se presentan mediante el fenómeno que los genetistas llaman mutación aleatoria. Las mutaciones consisten en errores que se producen a medida que se copia el ADN durante la formación de células reproductoras. Esas mutaciones se acumulan con el tiempo a medida que se pasan de generación en generación, lo cual resulta en perfiles genéticos únicos. El modelo de herencia de la información genética de los primeros 22 pares de cromosomas (llamados autosomas) se caracteriza por el continuo cambio: la mitad del ADN del padre y de la madre se vuelve a combinar para formar el ADN de cada hijo. El par 23 de cromosomas determina el sexo del niño (XY para el hombre, XX para la mujer). Debido a que únicamente los hombres tienen el cromosoma “Y”, un hijo varón hereda ese cromosoma de su padre de forma casi intacta.

Las células humanas también tienen ADN en un componente de la célula llamado mitocondria. El ADN mitocondrial es relativamente pequeño, contiene aproximadamente 17.000 instrucciones y se hereda en gran medida intacto de la madre. La madre transmite su ADN mitocondrial a todos sus hijos, pero únicamente las hijas mujeres lo pasarán a la siguiente generación.

El ADN mitocondrial fue el primer tipo de ADN en ser analizado y por ende fue el primero que los genetistas emplearon para estudiar a las poblaciones. A medida que la tecnología ha mejorado, el análisis del ADN autosómico ha permitido que los genetistas lleven a cabo estudios sofisticados que incluyen la combinación de varios marcadores genéticos.

Los genetistas de poblaciones intentan reconstruir el origen, las migraciones y las relaciones de las poblaciones valiéndose de muestras de ADN tanto actuales como antiguas. Al examinar los datos disponibles, los científicos han determinado combinaciones que son características de las poblaciones de diferentes regiones del mundo. Los perfiles únicos del ADN mitocondrial y del cromosoma “Y” se llaman haplogrupos 12. Los científicos denotan los haplogrupos con letras del alfabeto 13.

En la actualidad, los científicos concuerdan en que la gran mayoría de los amerindios pertenecen a ramas secundarias de los haplogrupos C y Q del cromosoma Y 14, y de los haplogrupos A, B, C, D y X del ADN mitocondrial, todos los cuales son predominantes en el este de Asia 15. Sin embargo, el panorama no está del todo claro. Los estudios continuos proporcionan más conocimiento y algunos de ellos ponen en tela de juicio las conclusiones previas. Por ejemplo, un estudio realizado en 2013 señala que, como máximo, una tercera parte del ADN de los amerindios se originó en Europa o en el occidente de Asia en la antigüedad, y que es probable que se haya introducido en el acervo genético antes de la primera migración hacia América 16. Dicho estudio sugiere un panorama más complejo que el sugerido por la opinión que prevalecía de que todo el ADN de los amerindios procedía esencialmente del este de Asia.

Aunque existen marcadores del ADN del Medio Oriente en el ADN de las poblaciones nativas actuales, es difícil determinar si son el resultado de migraciones anteriores a los viajes de Colón, como las que se describen en el Libro de Mormón, o si derivan de la mezcla genética que ocurrió después de la conquista europea. Eso se debe en parte al hecho de que el “reloj molecular” utilizado por los científicos para calcular la fecha de aparición de los marcadores genéticos no siempre es lo suficientemente preciso para señalar el momento exacto en que ocurrieron las migraciones de hace cientos de años o aún hace miles de años 17.

Los científicos no descartan la posibilidad de que haya habido otras migraciones de pequeña escala hacia América 18. Por ejemplo, el análisis genético realizado en 2010 en un espécimen paleoesquimal bien conservado de 4.000 años de antigüedad encontrado en Groenlandia llevó a la hipótesis científica de que un grupo de personas, aparte de las procedentes del este de Asia, había emigrado hacia el continente americano 19. Con respecto a ese estudio, el genetista de poblaciones Marcus Feldman de la Universidad Stanford comentó: “Las hipótesis que sugieran una sola migración de gran magnitud por lo general se consideran como teorías idealizadas… Es probable que hubiera pequeñas migraciones a lo largo de miles de años” 20.

El efecto fundador

Una de las razones por las cuales es difícil valerse de la evidencia del ADN para formular conclusiones definitivas acerca de los pueblos del Libro de Mormón es que no se sabe nada en cuanto al ADN que Lehi, Saríah, Ismael y otras personas trajeron a América. Aun cuando los genetistas contaran con una base de datos del ADN que existe hoy en día de todos los grupos de amerindios modernos, sería imposible saber exactamente lo que se está buscando. Es posible que cada integrante de los grupos de emigrantes descritos en el Libro de Mormón tuviera un ADN típico del Medio Oriente y también es posible que algunos de ellos portaran ADN que sea más común en otras regiones. En ese caso, los descendientes podrían heredar un perfil genético que sería inesperado dado el lugar de origen de su familia. Ese fenómeno se conoce como efecto fundador.

Considere el caso del Dr. A. Ugo. Perego, quien es genetista miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Su genealogía confirma que él es de descendencia italiana de varias generaciones, pero el ADN de su linaje genético paterno corresponde a una rama del haplogrupo C de asiáticos y amerindios. Es probable que eso signifique que, en algún momento, se produjo una migración desde Asia hasta Europa, la cual introdujo el ADN que no es típico del lugar de origen de Perego 21. Si Perego y su familia fueran a colonizar una masa continental aislada, los genetistas del futuro que llevaran a cabo un estudio de los cromosomas “Y” de sus descendientes podrían concluir que los primeros colonos de esa masa continental procederían de Asia y no de Italia. Ese panorama hipotético demuestra que las conclusiones en cuanto a la genética de una población deben basarse en la comprensión clara del ADN de los antepasados originales de esa población. En el caso del Libro de Mormón, no se tiene a disposición ninguna información clara de ese tipo.

Cuello de botella y deriva genética de una población

Las dificultades no terminan con el efecto fundador. Incluso si llegara a saberse con un alto grado de certeza que los emigrantes descritos en el Libro de Mormón portaban lo que se pudiera considerar el ADN característico del Medio Oriente, es muy posible que sus marcadores de ADN no hayan sobrevivido a lo largo de los siglos transcurridos. Principios bien conocidos para los científicos, incluso el cuello de botella y la deriva genética de población, a menudo ocasionan la pérdida de los marcadores genéticos o hacen que sea imposible detectar los mismos.

Cuello de botella de una población

El cuello de botella de una población consiste en la pérdida de la variación genética que se produce cuando un desastre natural, una epidemia, una guerra masiva u otra calamidad causa la muerte de gran parte de una población. Esos acontecimientos pueden reducir gravemente o eliminar totalmente ciertos perfiles genéticos. En tales casos, una población puede recuperar la diversidad genética con el tiempo por medio de la mutación, aunque gran parte de la diversidad que existía previamente se pierde de manera irremediable.

Ilustración del cuello de botella de una población
Ilustración del cuello de botella de una población. Debido a la drástica reducción de la población, se pierden algunos perfiles genéticos (representados aquí por los círculos amarillos, anaranjados, verdes y morados). Las generaciones posteriores heredan solamente el ADN de los sobrevivientes.

Además de la desoladora guerra que tuvo lugar al final del Libro de Mormón, la conquista europea del continente americano durante los siglos XV y XVI condujo a una cadena de acontecimientos catastróficos. Como resultado de la guerra y de la transmisión de enfermedades, muchos grupos amerindios sufrieron devastadoras pérdidas de la población 22. Un antropólogo molecular hizo la observación de que la conquista “hizo pasar a toda la población amerindia a través de un cuello de botella genético”. Llegó a la conclusión de que “esa reducción de la población ha cambiado para siempre la genética de los grupos sobrevivientes, así que complica cualquier intento de reconstruir la estructura genética precolombina de la mayoría de los grupos del Nuevo Mundo” 23.

Deriva genética

La deriva genética consiste en la pérdida gradual de los marcadores genéticos en pequeñas poblaciones debido a acontecimientos aleatorios. A menudo se emplea una sencilla ilustración para enseñar ese concepto:

Se llena un frasco con 20 canicas (bolitas), 10 de color rojo y 10 de color azul. El frasco representa a una población y las canicas representan a personas con distintos perfiles genéticos. Se saca una canica al azar de esa población, se anota el color y se la vuelve a colocar en el frasco. Cada vez que se saca una canica representa el nacimiento de un niño. Se repite el proceso 20 veces para simular una nueva generación dentro de la población. La segunda generación podría tener la misma cantidad de cada color, pero lo más probable es que tenga un número desigual de los dos colores.

Antes de llegar a la tercera generación, se ajusta la proporción de cada color en el frasco de modo que refleje la nueva combinación de perfiles del acervo genético. A medida que se sigan sacando canicas, es posible que la mezcla desigual ocasione que se saquen canicas del color dominante con mayor frecuencia. Después de varias generaciones, esa “deriva” hacia un solo color resultará casi por seguro en la desaparición del otro color.

Ilustración de la deriva genética
Ilustración de la deriva genética haciendo uso de canicas de colores.

Este ejercicio ilustra el modelo de herencia del material genético a lo largo de varias generaciones y muestra la forma en que la deriva ocasiona la pérdida de perfiles genéticos. El efecto de la deriva es particularmente pronunciado en pequeñas poblaciones aisladas o en casos en los que un pequeño grupo que porta un perfil genético particular se mezcla con una población mucho más grande de un linaje diferente.

Un estudio realizado en Islandia en el que se combinaron tanto datos genéticos como genealógicos demuestra que la mayoría de las personas que viven en ese país en la actualidad heredaron el ADN mitocondrial de sólo un pequeño porcentaje de personas que vivieron en ese país hace sólo 300 años 24. El ADN mitocondrial de la mayoría de los islandeses de esa época simplemente no sobrevivió los efectos aleatorios de la deriva. Cabe la posibilidad de que gran parte del ADN de los pueblos del Libro de Mormón no haya sobrevivido por la misma razón.

La deriva genética afecta en particular el ADN mitocondrial y la información del ADN del cromosoma “Y”, pero también conduce a la pérdida de variación en el ADN autosómico. Cuando una pequeña población se mezcla con una de gran tamaño, las combinaciones de marcadores autosómicos típicos del grupo más pequeño son rápidamente arrolladas o dominadas por las del grupo más grande. Los marcadores del grupo más pequeño pronto llegan a ser poco comunes en la población y pueden extinguirse debido a los efectos de la deriva genética y a los cuellos de botella descritos anteriormente. Por otra parte, el cambio y la recombinación del ADN autosómico que sucede de una generación a otra produce nuevas combinaciones de marcadores en las que la información genética predominante proviene de la población original más grande. Eso puede ocasionar que las combinaciones de marcadores características del grupo más pequeño se diluyan tanto que no se puedan determinar con fiabilidad.

Los autores de un documento publicado en American Journal of Physical Anthropology en 2008 resumieron el impacto de esos procesos genéticos de manera concisa: “La deriva genética ha sido un factor significativo [en la genética de los amerindios] y junto con la considerable disminución de la población que se produjo tras el arribo de los europeos, ha alterado la frecuencia de los haplogrupos y ha ocasionado la pérdida de muchos haplotipos” 25. Existe la posibilidad de que se hayan perdido perfiles genéticos completos y las combinaciones que pudieron haber existido en algún momento podrían haberse diluido a tal grado que son difíciles de detectar. Por tanto, partes de una población podrían tener parentesco desde el punto de vista genealógico con alguna persona o con algún grupo, aunque no porten ADN que pudiera determinarse como perteneciente a esos antepasados. En otras palabras, los amerindios cuyos antepasados incluyan a los pueblos del Libro de Mormón no pueden confirmar ese parentesco mediante el ADN 26.

Conclusión

Aunque tanto los críticos como los defensores del Libro de Mormón quieran valerse de los estudios del ADN para respaldar sus puntos de vista, la evidencia no es concluyente. No se sabe nada acerca del ADN de los pueblos del Libro de Mormón. Aunque llegara a conocerse esa información, los procesos como el cuello de botella de población y la deriva genética causan que sea poco probable que se pueda detectar su ADN en la actualidad. Tal como el élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles señaló: “Nuestra postura es que la evidencia secular no puede ni probar ni refutar la autenticidad del Libro de Mormón” 27.

El principal objetivo de las personas encargadas de llevar los registros del Libro de Mormón fue el de transmitir las verdades religiosas y conservar el legado espiritual de su pueblo. Ellos oraron para que, a pesar de la destrucción de la mayor parte del pueblo que fue profetizada, el registro que llevaron fuera conservado y pudiera un día ayudar a restaurar el conocimiento de la plenitud del evangelio de Jesucristo. La promesa que ellos dan a todos los que estudien el libro “con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo”, es que Dios “manifestará la verdad de [él] por el poder del Espíritu Santo” 28. Para innumerables personas que han puesto en práctica ese prueba de la autenticidad del libro, el Libro de Mormón es un volumen de Escrituras sagradas que tiene el poder de acercarlas más a Jesucristo.

Fuentes
  1. Véase la Introducción al Libro de Mormón.
  2. En este artículo se usa el término amerindios para referirse a todos los pueblos indígenas de Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica. Para obtener más información sobre la relación que hay entre los estudios del ADN y del Libro de Mormón en general, véase la publicación de Ugo A. Perego, “The Book of Mormon and the Origin of Native Americans from a Maternally Inherited DNA Standpoint”, edición de Robert L. Millet, No Weapon Shall Prosper: New Light on Sensitive Issues, 2011, págs.171–216; Michael F. Whiting, “DNA and the Book of Mormon: A Phylogenetic Perspective”, Journal of Book of Mormon Studies 12, Nº 1, 2003, págs. 24-35; edición de Daniel C. Peterson, The Book of Mormon and DNA Research, 2008.
  3. Antonio Torroni y otros autores, “Asian Affinities and Continental Radiation of the Four Founding Native American mtDNAs”, American Journal of Human Genetics 53, 1993, págs. 563–90; Alessandro Achilli y otros autores, “The Phylogeny of the Four Pan-American MtDNA Haplogroups: Implications for Evolutionary and Disease Studies”, PloS ONE 3, Nº 3, marzo de 2008, e1764.
  4. Ugo A. Perego y otros autores, “Distinctive Paleo-Indian Migration Routes from Beringia Marked by Two Rare mtDNA Haplogroups”, Current Biology 19, 2009, pág. 1-8.
  5. Martin Bodner y otros autores, “Rapid Coastal Spread of First Americans: Novel Insights from South America’s Southern Cone Mitochondrial Genomes”, Genome Research 22, 2012, pág. 811–820.
  6. John L. Sorenson, “When Lehi’s Party Arrived in the Land, Did They Find Others There?” Journal of Book of Mormon Studies 1, Nº 1, otoño de 1992, págs. 1–34. Estos argumentos fueron resumidos más recientemente en la publicación de John L. Sorenson, Mormon’s Codex: An Ancient American Book, 2013. Sorenson sugiere que el texto del libro contiene indicadores que señalan “de forma innegable que había poblaciones de magnitud considerable en la ‘tierra prometida’ durante todo el período del registro nefita y que probablemente también en la época de los jareditas” (“When Lehi’s Party Arrived”, pág. 34).
  7. Anthony W. Ivins, en Conference Report, abril de 1929, pág. 15.
  8. “Facts Are Stubborn Things”, Times and Seasons 3, 15 de septiembre de 1842: 922. No se incluye el nombre del autor en el artículo, pero se publicó bajo la dirección de José Smith. Véase también la publicación de Hugh Nibley, Lehi in the Desert, The World of the Jaredites, There Were Jaredites, 1988, pág. 250.
  9. Para obtener un análisis de declaraciones hechas sobre este tema, véase la publicación de Matthew Roper, “Nephi’s Neighbors: Book of Mormon Peoples and Pre-Columbian Populations”, FARMS Review 15, Nº 2, 2003, págs. 91–128.
  10. Introducción al Libro de Mormón. La introducción, que no forma parte del texto del Libro de Mormón, anteriormente indicaba en la versión en inglés que los lamanitas son “los principales antecesores de los indios de las Américas”. Incluso esa declaración, publicada por primera vez en 1981, implica la presencia de otros pueblos. (Véase la Introducción al Libro de Mormón, edición de 1981)
  11. Sorenson, “When Lehi’s Party Arrived” pág. 5–12.
  12. Peter A. Underhill y Toomas Kivisild, “Use of Y Chromosome and Mitochondrial DNA Population Structure in Tracing Human Migrations”, Annual Review of Genetics 41, 2007, págs. 539–564.
  13. Los nombres de los haplogrupos siguen una nomenclatura estandarizada en la cual se alternan letras y números. Véase la publicación de International Society of Genetic Genealogy, “Y-DNA Haplogroup Tree 2014”; Mannis van Oven y Manfred Kayser M., “Updated Comprehensive Phylogenetic Tree of Global Human Mitochondrial DNA Variation”, Human Mutation 30, 2009, E386-E394.
  14. Vincenza Battaglia y otros autores, “The First Peopling of South America: New Evidence from Y-Chromosome Haplogroup Q”, PLoS ONE 8, Nº 8, agosto de 2013, e71390.
  15. Ugo A. Perego y otros autores, “The Initial Peopling of the Americas: A Growing Number of Founding Mitochondrial Genomes from Beringia”, Genome Research 20, 2010, págs. 1174–1179.
  16. Maanasa Raghavan y otros autores, “Upper Palaeolithic Siberian Genome Reveals Dual Ancestry of Native Americans” Nature, 10 de noviembre de 2013.
  17. El “reloj” se basa en la frecuencia observada en la que con el tiempo se producen mutaciones aleatorias en el ADN. Para ver un ejemplo de un reloj molecular del ADN mitocondrial propuesto, véase la publicación de Pedro Soares y otros autores, “Correcting for Purifying Selection: An Improved Human Mitochondrial Molecular Clock,” American Journal of Human Genetics 84, 2009, págs. 740–759.
  18. Alessandro Achilli y otros autores, “Reconciling Migration Models to the Americas with the Variation of North American Native Mitogenomes”, Proceedings of the National Academy of Sciences 110, Nº 35, 2013, págs. 14308–14313.
  19. Morten Rasmussen y otros autores, “Ancient Human Genome Sequence of an Extinct Palaeo-Eskimo”, Nature, 11 de febrero de 2010, págs. 757–762. Esa migración hipotética se habría producido aproximadamente 200 generaciones después de las primeras migraciones hacia América.
  20. Citado en la publicación de Cassandra Brooks, “First Ancient Human Sequenced”, Scientist, 10 de febrero de 2010, www.thescientist.com/blog/display/57140. Michael H. Crawford, antropólogo molecular de la Universidad de Kansas, señaló del mismo modo que la “evidencia no excluye la posibilidad de que hubiera contactos culturales en pequeña escala entre sociedades de amerindios específicas y marineros procedentes de Asia y de Oceanía” (Michael H. Crawford, The Origins of Native Americans: Evidence from Anthropological Genetics, 1998, pág. 4).
  21. Perego, “Origin of Native Americans”, págs. 186–187.
  22. Las poblaciones de nativos se redujeron hasta en un 95 por ciento. Véase la publicación de David S. Jones, “Virgin Soils Revisited”, William y Mary Quarterly, Third Series, tomo 60, Nº 4, octubre de 2003, págs. 703-742.
  23. Crawford, Origins of Native Americans, págs. 49–51, 239–241, 260–261.
  24. Agnar Helgason y otros autores, “A Populationwide Coalescent Analysis of Icelandic Matrilineal and Patrilineal Genealogies: Evidence for a Faster Evolutionary Rate of mtDNA Lineages than Y Chromosomes”, American Journal of Human Genetics 72, 2003, págs. 1370–1388.
  25. Beth Alison Schultz Shook y David Glenn Smith, “Using Ancient MtDNA to Reconstruct the Population History of Northeastern North America”, American Journal of Physical Anthropology 137, 2008, pág. 14.
  26. Véase “How Many Genetic Ancestors Do I Have?”, Laboratorio en cooperación, Genética de población y de evolución, UC Davis.
  27. Dallin H. Oaks, “The Historicity of the Book of Mormon”, edición de Paul Y. Hoskisson, Historicity and the Latter-day Saint Scriptures, 2001, pág. 239.
  28. Moroni 10:4.
La Iglesia reconoce el aporte hecho por parte de los eruditos al contenido científico presentado en este artículo, y se hace uso del trabajo de ellos con su permiso.

25 septiembre 2015

José el vidente

El registro histórico aclara la manera en que José Smith cumplió su función de vidente y tradujo el Libro de Mormón.

Por Richard E. Turley, Jr., historiador y registrador auxiliar de la Iglesia, 
Robin S. Jensen y Mark Ashurst-McGee, Departamento de Historia de la Iglesia
(Liahona, Octubre de 2015)

José Smith, atribuido a David Rogers, cortesía de la biblioteca y los archivos de la Comunidad de Cristo, Independence, Misuri
El 6 de abril de 1830, el día en que José Smith organizó la Iglesia de Cristo (que más tarde se llamaría La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días)1, él proclamó las palabras de una revelación a los que se habían congregado. En ella, la voz del Señor declaró: “He aquí, se llevará entre vosotros una historia; y en ella [tú, José Smith] serás llamado vidente” (D. y C. 21:1).

La evidencia más clara de la función de vidente de José Smith en la Iglesia que acababa de establecerse era el Libro de Mormón, el cual, como él explicó reiteradamente, se tradujo “por el don y el poder de Dios”2. El año previo a la organización de la Iglesia, muchos de los más allegados a José habían sido testigos del proceso mediante el cual el Libro de Mormón salió a la luz y, en cierta medida, entendían el significado de la palabra vidente.

El significado de vidente

¿Qué significaba la palabra vidente para el joven profeta y sus contemporáneos? José se crio en una familia que leía la Biblia, en la cual con frecuencia se hace mención a videntes. Por ejemplo, en 1 Samuel, el escritor explica: “Antiguamente en Israel cualquiera que iba a consultar a Dios decía así: Venid y vamos a ver al vidente; porque al que hoy se le llama profeta, antes se le llamaba vidente” (1 Samuel 9:9).

La Biblia también hace alusión a personas que recibían manifestaciones espirituales por medio de objetos tales como varas 3, una serpiente de bronce sobre un asta (la cual llegó a ser el símbolo generalizado de la profesión médica) 4, un efod (parte de la vestimenta sacerdotal que incluía dos piedras preciosas) 5 y el Urim y Tumim 6.

Los conceptos de “ver” y de “vidente” formaban parte tanto de la cultura estadounidense como de la cultura de la familia en donde José Smith se crio. Debido a la influencia del lenguaje de la Biblia y a la mezcla de culturas angloeuropeas que los inmigrantes llevaron consigo a Norteamérica, algunas personas a principios del siglo XIX creían que era posible que hubiera personas con ciertos dones que les permitían “ver” o recibir manifestaciones espirituales por medio de objetos como piedras videntes 7.

El joven José Smith aceptaba las creencias y prácticas de su época, incluso la idea de utilizar piedras videntes para ver objetos extraviados u ocultos. Ya que los relatos de la Biblia muestran que en la antigüedad Dios se valía de objetos para promover la fe de las personas o para comunicarse espiritualmente, José y otras personas aceptaban que también era posible que eso sucediera en su época. Los padres de José, Joseph Smith, padre, y Lucy Mack Smith, fomentaron la incorporación de esa cultura y el uso de objetos de esa manera en la familia, y los pobladores de Palmyra y Manchester, Nueva York, donde vivían los Smith antes de mudarse a Pennsylvania a fines de 1827, acudían a José para que les ayudara a encontrar objetos extraviados 8.

A aquellos que carecen de un entendimiento de la forma en que la gente del siglo XIX en la región donde vivía José practicaba su religión quizás las piedras videntes les sean desconocidas, y los estudiosos han debatido mucho ese período de la vida de él. En parte como resultado de la Ilustración, o la Edad de la Razón, período en el cual se hacía hincapié en la ciencia y en el mundo visible por encima de las cuestiones espirituales, en la época de José muchos llegaron a considerar que el uso de objetos como piedras y varas era supersticioso o inadecuado para fines religiosos.

Años después, cuando José contaba su asombroso relato, él hacía hincapié en sus visiones y otras experiencias espirituales 9. Por el contrario, algunas personas que antes eran sus allegados, centraban la atención en el uso que él había hecho anteriormente de piedras videntes con el afán de destruir su reputación en un mundo que cada vez más rechazaba ese tipo de prácticas. En sus labores proselitistas, José y otros de los primeros miembros optaron por restar importancia a la influencia de la cultura local en sus actividades proselitistas, ya que muchos posibles conversos estaban atravesando una transformación en cuanto a la forma de entender la religión en la Edad de la Razón. No obstante, en lo que llegó a ser revelación oficial, José siguió enseñando que las piedras videntes y otros objetos similares, así como la capacidad para utilizarlos, eran dones importantes y sagrados que provenían de Dios 10.

Instrumentos empleados para traducir el Libro de Mormón

Las piedras videntes también se mencionan en los relatos históricos sobre José Smith y la traducción del Libro de Mormón. En la historia oficial de José, la cual se comenzó en 1838, se describe la visita de un ángel que se llamaba Moroni y que le habló de unas planchas de oro que estaban enterradas en una colina cercana. José narra que mientras conversaba con el ángel “se manifestó a [su] mente la visión de tal modo que [pudo] ver el lugar… con tanta claridad… que [lo reconoció]… cuando lo [visitó] (José Smith—Historia 1:42).

A lo largo de la historia de la Iglesia, los miembros han procurado comprender el relato de José Smith y la forma en que encontró y tradujo las planchas de oro. En esta obra del pintor C. C. A. Christensen, hecha en 1886, se representa a José Smith recibiendo las planchas de manos del ángel Moroni.

El ángel Moroni entrega las planchas a José Smith, por C. C. A. Christensen

En la historia que José empezó a bosquejar en 1838, Moroni le advierte “que Satanás procuraría [tentarle] (a causa de la situación indigente de la familia de [su] padre) a que obtuviera las planchas con el fin de [hacerse] rico”. El ángel le prohibió eso, cuenta José, y le dijo que si tenía “más objeto” que el de edificar el reino de Dios, “no podría obtenerlas” (José Smith—Historia 1:46). En su anterior relato de 1832, José explica: “Tuve el deseo de procurar las planchas para obtener riqueza y no guardé el mandamiento de tener la mira puesta en la gloria de Dios” 11. En consecuencia, se le pidió acudir a la colina cada año durante cuatro años hasta que estuvo preparado para recibir las planchas (véase José Smith—Historia 1:53–54).

José relató que cuando finalmente obtuvo las planchas de manos de Moroni en 1827, también recibió dos piedras que le servirían para traducirlas. Él y otras personas allegadas a él dejaron relatos sobre esas piedras en los que las describen como de apariencia blanca o transparente puestas en un arco, como el de las gafas o los anteojos modernos, y aseguradas a un pectoral grande 12. De la forma en que se describió, ese dispositivo habría sido voluminoso. La madre de José Smith contó que él quitaba las piedras del pectoral para usarlas con más comodidad 13.

En el Libro de Mormón, a esas piedras se les llama “intérpretes” y se explica que “fueron preparadas desde el principio, y se transmitieron de generación en generación con objeto de interpretar idiomas; y la mano del Señor las ha preservado y guardado” (Mosíah 28:14‒15, 20).

En el libro también se relata la forma en que el Señor entregó “dos piedras” al hermano de Jared, con la promesa de que servirían a futuras generaciones para recuperar las palabras que él escribiera. El Señor le indica: “Escribe estas cosas y séllalas; y en mi propio y debido tiempo las mostraré a los hijos de los hombres”. El Señor explicó que: “… estas piedras [clarificarán] a los ojos de los hombres las cosas que tú escribirás” (Éter 3:24, 27).

Detalle de una página del manuscrito original del Libro de Mormón en el que se encuentra la partida de la familia de Lehi de Jerusalén, en lo que se conoce hoy como 1 Nefi 2. José Smith dictó el texto del Libro de Mormón a varios escribas, uno de los cuales fue Oliver Cowdery, quien transcribió estas líneas.

Cortesía de la Biblioteca de Historia de la Iglesia; Fotografía ampliada para mayor claridad.

Para cuando José Smith terminó de dictar su traducción del Libro de Mormón a sus escribas, a mediados de 1829, el significado de la palabra vidente ya se había aclarado aún más en el libro. En el Libro de Mormón se encuentra una profecía que se atribuye a José de Egipto, en la cual declara que uno de sus descendientes —claramente José Smith— sería “un vidente escogido”, el cual llevaría a otros de sus descendientes “al conocimiento de los convenios” que Dios hizo con los antepasados de ellos (2 Nefi 3:6, 7).

En otro relato del Libro de Mormón, Alma, hijo, entrega los intérpretes a su hijo Helamán. Alma aconseja a su hijo que “[preserve] estos intérpretes”, refiriéndose a las dos piedras puestas en aros de plata. Sin embargo, Alma también cita una profecía en la que parece que se trata de una sola piedra: “Y dijo el Señor: Prepararé para mi siervo Gazelem una piedra que brillará en las tinieblas hasta dar luz” (Alma 37:21, 23).

Al parecer, aunque se dieron en el contexto de “intérpretes” (en plural), esta profecía indica que a un futuro siervo se le entregaría “una piedra” (en singular), que brillará en las tinieblas hasta dar luz” 14. Los Santos de los Últimos Días de los primeros días creían que ese siervo de quien se había profetizado era José Smith 15.

De hecho, las evidencias históricas demuestran que, además de las dos piedras videntes conocidas como “intérpretes”, José Smith utilizó por lo menos otra piedra al traducir el Libro de Mormón, la cual colocaba a menudo adentro de un sombrero a fin de bloquear la luz. Según personas allegadas a José, eso lo hacía con el fin de ver mejor las palabras que estaban en la piedra 16.

Para 1833, José Smith y sus allegados comenzaron a emplear el término bíblico “Urim y Tumim” para referirse a cualquiera de las piedras que se usaban para recibir revelaciones divinas, incluso los intérpretes nefitas y la piedra vidente sola 17. Esa terminología imprecisa ha complicado los intentos que se han hecho para reconstruir el método exacto mediante el cual José Smith tradujo el Libro de Mormón. Según Martin Harris, además de utilizar los intérpretes, José también utilizó una de sus piedras videntes por cuestiones de comodidad durante la traducción del Libro de Mormón. Otras fuentes corroboran que José cambiaba de instrumentos para traducir 18.

Después de la publicación del Libro de Mormón

Tras publicarse el Libro de Mormón en marzo de 1830, José Smith y sus escribientes comenzaron a trabajar en lo que hoy se conoce como la Traducción de José Smith de la Biblia, la cual es una revisión profética de la versión del rey Santiago [en inglés] 19. Según lo narra José, el uso de los intérpretes nefitas ya no era una opción para realizar ese proyecto de traducción, debido a que ya no los tenía en su poder.

En la historia de José, él explica: “… mediante la sabiduría de Dios [las planchas y los intérpretes] permanecieron seguros en mis manos hasta que cumplí con ellos lo que se requirió de mí. Cuando el mensajero, de conformidad con el acuerdo, llegó por ellos, se los entregué; y él los tiene a su cargo hasta el día de hoy” (José Smith—Historia 1:60).

Como lo explicó el presidente Brigham Young (1801–1877), “José volvió a colocar el Urim y Tumim con las planchas cuando terminó de traducir” 20.

José Smith ha sido conocido como profeta, vidente y revelador por los miles de miembros que vivieron en su época y por los millones que ha habido desde su muerte.

José Smith, atribuido a David Rogers, cortesía de la biblioteca y los archivos de la Comunidad de Cristo, Independence, Misuri

José tenía otras piedras videntes, pero en las palabras del élder Orson Pratt (1811–1881), miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles y posteriormente historiador de la Iglesia, para ese entonces José también había madurado en su entendimiento espiritual. En una reunión llevada a cabo el 28 de junio de 1874, en la cual estuvieron presentes el presidente Brigham Young y muchas otras Autoridades Generales, el élder Pratt le contó a los concurrentes que había estado “presente muchas veces” mientras José Smith “traducía el Nuevo Testamento”. Al ver que no usaba ningún instrumento interpretativo en el proceso de traducción, se preguntaba por qué José “no utilizaba el Urim y Tumim como lo hizo al traducir el Libro de Mormón”.

Mientras el élder Pratt observaba al profeta traducir, “José, como si le leyera el pensamiento, levantó la mirada y explicó que el Señor la había dado el Urim y Tumim cuando no tenía experiencia con el espíritu de inspiración; pero ahora había avanzado tanto que comprendía la forma de trabajar de ese espíritu y ya no necesitaba la ayuda del instrumento” 21.

Brigham Young expresó a un grupo de personas sus ideas en cuanto a recibir una piedra vidente. “No estoy seguro de haber tenido alguna vez el deseo de tener una”, reflexionó 22. En esa declaración, Brigham demostró su entendimiento de que no era necesario tener piedras para ser vidente.

El 25 de octubre de 1831, José Smith asistió a una conferencia celebrada en Orange, Ohio. Durante la conferencia, su hermano Hyrum dijo que “creía que sería mejor que el propio José contara a los élderes presentes el relato de la salida a la luz del Libro de Mormón a fin de que supieran por ellos mismos”. Según las minutas de la reunión, José “dijo que no se había tenido el propósito de dar a conocer al mundo todos los detalles de la salida a la luz del Libro de Mormón” y “que no era conveniente que él los contara” 23. Habiendo madurado en su función de vidente, y al tener claro que no era indispensable tener piedras videntes para recibir revelación, lo que tal vez le preocupaba era que la gente se concentrara demasiado en la forma en que el libro salió a la luz y muy poco en su contenido.

El aspecto de la traducción del Libro de Mormón que José Smith recalcó más fue que lo hizo “por el don y el poder de Dios” 24. Él enseñó a los líderes que el libro en sí “era el más correcto de todos los libros sobre la tierra, y la clave de nuestra religión; y que un hombre se acercaría más a Dios al seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro” 25.

¿Qué le sucedió a la piedra vidente?


La piedra que se muestra en esta imagen se ha asociado por mucho tiempo con José Smith y con la traducción del Libro de Mormón. La piedra que José Smith utilizó en la tarea de traducción del Libro de Mormón a menudo se describía como una que era de color chocolate y ovalada. La piedra pasó de las manos de José Smith a las de Oliver Cowdery y luego a la Iglesia mediante Brigham Young y otras personas.

Fotografía por Welden C. Andersen y Richard E. Turley Jr.

Según el relato de José Smith, él devolvió el Urim y Tumim, o los “intérpretes” nefitas al ángel. Sin embargo, ¿qué sucedió con la piedra o las piedras videntes que José utilizó para traducir el Libro de Mormón?

David Whitmer escribió que “después de que se terminó la traducción del Libro de Mormón, a principios de la primavera de 1830 y antes del 6 de abril, José entregó la piedra a Oliver Cowdery y me dijo a mí y a los demás que no la necesitaba y que ya no la usaba” 26.

Oliver estuvo fuera de la Iglesia durante una década hasta que se volvió a bautizar en 1848, y sus planes eran estar con los santos en Utah, pero murió en 1850 en Richmond, Misuri, antes de hacer el viaje 27. Phineas Young, quien había ayudado a Oliver Cowdery a volver a la Iglesia, obtuvo la piedra vidente de la viuda de Oliver, Ann Whitmer Cowdery quien, a su vez, era hermana de David Whitmer. Phineas, en un momento dado, se la entregó a su hermano Brigham Young 28.

Phineas Young, que aparece sentado en medio de los hermanos Young y a la izquierda de Brigham Young, obtuvo de Oliver Cowdery una piedra vidente que se utilizó en la traducción del Libro de Mormón y la entregó a su hermano Brigham.

Fotografía tomada alrededor de 1866, cortesía de la Biblioteca de Historia de la Iglesia.

“Tengo en mi poder la primera piedra vidente de José, la cual recibí de Oliver Cowdery”, afirmó el presidente Young en 1853. También había otras piedras. “José tenía 3, las cuales Emma tiene en su poder”, agregó, “2 pequeñas y 1 grande” 29. Dos años después, Brigham Young dijo a un grupo de líderes de la Iglesia en una reunión: “Oliver me envió la primera piedra vidente de José; Oliver siempre la tuvo en su poder hasta que me la envió” 30.

Después de que Brigham Young murió, Zina D. H. Young, una de sus esposas, y quien más adelante llegó a ser la tercera Presidenta General de la Sociedad de Socorro, obtuvo una piedra vidente color chocolate de las pertenencias de él, la cual coincidía con la descripción de la piedra que José utilizó para traducir el Libro de Mormón, y la donó a la Iglesia 31. Desde entonces, líderes de la Iglesia subsiguientes han declarado que la Iglesia tiene en su poder la piedra vidente 32.

Representaciones artísticas del proceso de traducción

A lo largo de los años, artistas han intentado representar la traducción del Libro de Mormón mostrando a quienes participaron en ella en distintos lugares y poses, con diferentes objetos. Las interpretaciones artísticas se basan en el punto de vista, la investigación y la imaginación de los artistas, y a veces se han hecho con la ayuda de la opinión y guía de otras personas. Las siguientes son algunas escenas que se han producido a lo largo de los años.

Interpretación de un artista en la que José Smith está estudiando las planchas. José relató haber “[copiado] un número considerable” de caracteres de las planchas. Después de traducir algunos de esos caracteres “por medio del Urim y Tumim”, Martin Harris llevó los caracteres a Charles Anthon y a otros expertos a fin de que confirmaran la traducción (José Smith—Historia 1:62–64).

Por el don y el poder de Dios, por Simon Dewey, cortesía de Altus Fine Arts.

Representación de un artista en la que José Smith y Oliver Cowdery están trabajando en la traducción del Libro de Mormón. A diferencia de lo que aquí se representa, Oliver Cowdery aseveró que él no vio las planchas sino hasta después de que se terminó la traducción. Testigos del proceso afirmaron que durante la traducción las planchas no se podían ver y se cubrían, entre otras cosas, con una tela.

José Smith traduce el Libro de Mormón, por Del Parson.

Representación de un artista en la que José Smith está con el pectoral puesto junto con los intérpretes o anteojos, más tarde conocidos como el Urim y Tumim.

Ilustración por Robert T. Barrett.

Representación de un artista en la que José Smith y un escriba están traduciendo con una manta entre ellos. Aunque en la mayoría de las narraciones del proceso de traducción no se menciona ninguna manta, aparentemente en un principio se utilizó una a fin de impedir que el escriba viera las planchas, los anteojos o el pectoral. Más adelante, en la tarea de traducción, es probable que se haya utilizado una manta para ocultar al traductor y al escriba a fin de impedir que otras personas curiosas observaran la traducción.

La traducción de las planchas, por Earl Jones, cortesía del Museo de Historia de la Iglesia.

Fuentes

  1. Véase Doctrina y Convenios 115.
  2. Prefacio del Libro de Mormón, aproximadamente en agosto de 1829, en Documentos, Tomo I: julio de 1828–junio de 1831, Tomo I de la serie de los Documentos de José Smith, 2013, pág. 93. Véase también “El Testimonio de Tres Testigos”, Libro de Mormón.
  3. Véanse Éxodo 4:1‒5, 17, 20‒21; 7:8‒21; 8:16‒19; 9:22‒26; 10:12‒15; 14:15‒18; 17:1‒13; Números 17:1‒10; 20:7‒11; Hebreos 9:4.
  4. Véanse Números 21:7‒9; Juan 3:14‒15.
  5. Véanse Éxodo 28:12; 35:9, 27; 1 Samuel 23:9‒12; 30:7‒8.
  6. Véanse Éxodo 28:30; Levítico 8:8; Números 27:21; Deuteronomio 33:8; 1 Samuel 28:6; Esdras 2:63; Nehemías 7:65.
  7. Para obtener más información sobre esa cultura religiosa del siglo XIX, véanse Journals, Tomo I: 1832–1839, Tomo I de la serie Journals de los Documentos de José Smith, 2008, pág. xix; y Revelations and Translations, Tomo III: Printer’s Manuscript of the Book of Mormon, Tomo III de la serie Revelations and Translations de los Documentos de José Smith, 2015, págs. xv–xvi; Dallin H. Oaks, “Recent Events Involving Church History and Forged Documents”, Ensign, octubre de 1987, págs. 68–69.
  8. Véase declaración de José Smith, padre, como se cita en Francis W. Kirkham, A New Witness for Christ in America: The Book of Mormon, Tomo II, 1959, pág. 366; véase también Lucy Mack Smith, “Lucy Mack Smith, History, 1844–1845”, libro 3, página 10, josephsmithpapers.org/paperSummarylucy-mack-smith-history-1844-1845. Martin Harris contó que le había pedido a José que encontrara un alfiler en un pajar para poner a prueba su habilidad (véase “Mormonism—No. II”, Tiffany’s Monthly, julio de 1859, pág. 164).
  9. Véase, por ejemplo, José Smith—Historia, en la Perla de Gran Precio.
  10. Véase Doctrina y Convenios 130:10‒11. Véase también la primera redacción de lo que ahora es Doctrina y Convenios 8, la cual iba dirigida a Oliver Cowdery cuando tuvo el deseo de ayudar a José Smith a traducir el Libro de Mormón (Revelation, abril de 1829–B, en Documentos, Tomo I: julio de 1828–junio de 1831, págs. 44–47).
  11. José Smith, “History, ca. Summer 1832”, en Histories, Tomo I: 1832–1844, Tomo I de la serie Histories de los Documentos de José Smith, 2012, pág. 14.
  12. Véanse José Smith—Historia 1:35; José Smith, “Church History”, en Histories, Tomo I: 1832–1844, 495; Martin Harris, en “Mormonism—No. II”, págs. 165–166; “Lucy Mack Smith, History, 1844–1845”, libro 5, págs. 7–8, josephsmithpapers.org.
  13. Véase, por ejemplo, “Lucy Mack Smith, History, 1844–1845”, libro 5, josephsmithpapers.org.
  14. Es comprensible que esta distinción haya desconcertado a los críticos. Véanse, por ejemplo, Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine, 2da. edición, 1966, págs. 307–308; Joseph Fielding McConkie y Robert L. Millet, Doctrinal Commentary on the Book of Mormon, 4 tomos, 1987–92, 3:278; y Matthew B. Brown, All Things Restored: Confirming the Authenticity of LDS Beliefs, 2000, pág. 62.
  15. Véanse de William W. Phelps, discurso en el funeral de José y Hyrum Smith, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City; de Orson Pratt, “Explanation of Substituted Names in the Covenants”, The Seer, marzo de 1854, pág. 229; William W. Phelps, carta a Brigham Young, 10 de abril de 1854, en Brigham Young, archivos de oficina, 1832–1878, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City; y Revelations and Translations, Tomo II: Published Revelations, Tomo II de la serie Revelations and Translations de Documentos de José Smith, 2011, págs. 708–709.
  16. Para obtener más información sobre la traducción, véase “Book of Mormon Translation”, disponible en lds.org/topics/book-of-mormon-translation. Véanse también Russell M. Nelson, “A Treasured Testament”, Ensign, julio de 1993, págs. 61–65; Neal A. Maxwell, “By the Gift and Power of God”, Ensign, enero de 1997, págs. 36–41.
  17.  Wilford Woodruff, por ejemplo, llamó Urim y Tumim a una piedra vidente que vio en Nauvoo (diario de Wilford Woodruff, 27 de diciembre de 1841, Biblioteca de Historia de la Iglesia). Véase también Revelations and Translations, Tomo III: Printer’s Manuscript of the Book of Mormon, pág. xix.
  18. Véase Revelations and Translations, Tomo III: Printer’s Manuscript of the Book of Mormon, págs. xviii–xix.
  19. Para ver un breve resumen del inicio de este empeño, véase Documentos, Tomo I: julio de 1828–junio de 1831, págs. 150–152.
  20.  Minutas, 17 de abril de 1853, Biblioteca de Historia de la Iglesia.
  21.  “Two Days’ Meeting at Brigham City, June 27 and 28, 1874”, Millennial Star, 11 de agosto de 1874, págs. 498–499.
  22.  Minutas, 30 de septiembre de 1855, Biblioteca de Historia de la Iglesia.
  23.  Minutas, 25–26 de octubre de 1831, en Documentos, Tomo II: julio de 1831 – enero de 1833, Tomo II de la serie Documentos de José Smith, 2013, pág. 84.
  24.  Prefacio del Libro de Mormón, aproximadamente en agosto de 1829, en Documentos, Tomo I: julio de 1828–junio de 1831, pág. 93. Véase también “El Testimonio de Tres Testigos”, Libro de Mormón.
  25. José Smith, en el diario de Wilford Woodruff, 28 de noviembre de 1841, Biblioteca de Historia de la Iglesia; o Introducción del Libro de Mormón.
  26.  David Whitmer, An Address to All Believers in Christ, 1887, pág. 32.
  27.  Para obtener más información sobre el regreso de Oliver Cowdery a la Iglesia antes de su muerte, véase Scott F. Faulring, “The Return of Oliver Cowdery”, en John W. Welch y Larry E. Morris, editores, Oliver Cowdery: Scribe, Elder, Witness, 2006, págs. 321–362.
  28. Véanse Minutas, 30 de septiembre de 1855, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City; “David Whitmer”, The Historical Record, octubre de 1888, pág. 623; carta de Maria L. Cowdery Johnson para David Whitmer, 24 de enero de 1887, biblioteca y archivos de la Comunidad de Cristo, Independence, Misuri; y diario de Franklin D. Richards, 9 de marzo de 1882, Biblioteca de Historia de la Iglesia.
  29.  Minutas, 17 de abril de 1853, Biblioteca de Historia de la Iglesia.
  30.  Minutas, 30 de septiembre de 1855, Biblioteca de Historia de la Iglesia.
  31. Véase la carta de Zina Young para Franklin D. Richards, 31 de julio de 1896, en Journal History of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 31 de julio de 1896, pág. 4, Biblioteca de Historia de la Iglesia.
  32. Véanse B. H. Roberts, A Comprehensive History of the Church, Tomo 6 , págs. 230–231; Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, compilación de Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1954–1956, 3:225; Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine, 2da. edición, 1966, págs. 818–819.

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