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15 junio 2012

Más vestigios de la visita de Jesucristo a las Américas

Más relatos relacionados con la visita de Jesucristo a la América Antigua, luego de su resurrección.

Por Alvaro Figueroa


En toda América encontramos centenares de relatos recopilados a través de tradiciones orales y escritas de los aborígenes. la estudiosa Diane E. Wirth nos habla de uno de ellos, que se asocia a la visita del Salvador.

El fraile católico llamado Juan de Córdova escribió el siguiente relato mientras trabajaba entre los indios Zapotecas de Oaxaca, México. Citando a ellos, él registró:
En la fecha que llamamos Técpatl una gran luz vino del cielo del noreste. Brilló por cuatro días en el cielo, luego bajó a la misma roca. . . en el Valle [Valle] en Oaxaca. De la luz se produjo un gran ser, muy potente, que estaba en la parte superior de la roca y brillaba como el sol en el cielo. . . . Luego habló, su voz era como un trueno, que se oyó en todo el valle. (Citado en el libro :"Beneath the Moon and under the Sun "(Albuquerque: Sun, 1975)
La gran cantidad de material escrito con el que se cuenta hoy y la diversidad geográfica de estos registros, nos trazan una sola dirección, que este echo ocurrió y que sería imposible que todas las culturas antiguas de las Américas pudiesen inventar estas narraciones y ponerse de acuerdo entre todas para que formasen parte de sus tradiciones ancestrales.

Mas evidencias de la visita de Jesucristo a las Américas tras su resurrección.

14 junio 2012

Lo que los manuscritos y los testigos nos dicen en cuanto a la traducción del Libro de Mormón

Este interesante artículo nos muestra aspectos de la traducción del Libro de Mormón, que demuestran que José Smith fue el traductor de este antiguo texto.

                                                    
por Daniel C. Peterson

Traducción libre por Walter Iván Cruz, Perú


Royal Skousen ha dedicado una década y media a un estudio intensivo del texto del Libro de Mormón, y de manera especial al manuscrito original y al del editor. Es su fuerte opinión que la evidencia del manuscrito apoya el relato tradicional del origen del Libro de Mormón, y que no apoya la idea de que José Smith elaboró por sí mismo el texto o lo copió de cualquier otro manuscrito existente. Todos los testigos creían que de alguna manera José Smith veía las palabras y se las leía a los escribas. Tomados en conjunto, estos dos hechos son altamente significativos. Examinemos brevemente algunos datos relevantes.


Ante todo, la evidencia apoya fuertemente el relato tradicional que narra que el manuscrito original fue dictado oralmente. Las clases de errores que ocurren en el manuscrito son claramente las que ocurren cuando un escriba no escuchó bien; en vez de ser errores de mala lectura cuando se copia de otro manuscrito. (Por contraste, el manuscrito del impresor muestra precisamente la clase de anomalías que uno esperaría de los errores de un copista). El análisis meticuloso de Royal aún sugiere que José estuvo trabajando con más de veinte o treinta palabras a la vez.


Es aparente que José podía ver el deletreo de los nombres desde donde sea que los leía. Cuando el escriba había escrito el texto, él (o ella en el caso de Emma Smith) evidentemente lo leía en voz alta a José Smith para su corrección. De manera que el Profeta evidentemente tenía algo con él, desde donde dictaba, y con lo cual podía corregir lo que sus escribas habían escrito. Pero, ¿qué era esto? Los testigos son unánimes en cuanto a que él no tenía ningún libro, manuscrito o documento con él durante el proceso de traducción, el cual comprendía largos períodos de dictado.


En una entrevista con su hijo, José Smith III, poco antes de que ella muriese, Emma Smith insistía en que José no tenía ningún texto con él durante la obra de traducción:


P. ¿No tenía él un libro o manuscrito desde donde a usted le leía o dictaba? 

R. Él no tenía ningún manuscrito ni libro desde donde leía. 

P. ¿No podía tenerlo sin que usted lo supiera? 

R. Si él hubiese tenido alguna cosa parecida no podría haberla ocultado de mí. 


Emma Smith pudo hablar con autoridad con respecto al período durante el cual ella misma sirvió como escriba. Pero ¿qué hay sobre el período más prolongado cuando Oliverio Cowdery estaba tomando el dictado? De hecho, Emma podía hablar de una experiencia personal con respecto a ese tiempo también. Mientras estaban en Harmony, Pennsylvania – donde la mayor parte del texto del Libro de Mormón fue escrito – Emma dijo que José y Oliverio no estaban lejos de ella:


P. ¿Dónde escribían papá y Oliverio Cowdery?

R. Oliverio Cowdery y tu padre escribían en el cuarto en donde yo estaba trabajando.


Ella dijo: “Las planchas a menudo descansaban en la mesa sin ninguna intención de ser escondidas, envueltas con un pequeño mantel de lino, que yo le había dado a él para envolverlas. Una vez sentí las planchas cuando estaban en la mesa, trazando su borde y su forma. Parecían ser apilables como papel grueso, y emitían un sonido metálico cuando se movían los bordes con el pulgar, como cuando uno pasa los dedos por los bordes de las páginas de un libro.”


No mucho después de hablar con ella, José Smith III escribió una carta en la que  resumió algunas de las respuestas que ella dio a sus preguntas. “Ella escribió para José Smith durante la obra de traducción, como también lo hicieron Rubén Hale, su hermano y O. Cowdery; que la mayor parte de esta obra fue hecha en su presencia, y en donde ella podía ver y saber lo que se estaba haciendo; que mientras duró, José Smith no tuvo ningún mss. [manuscrito] o libro de ninguna clase desde donde pudiese leer, o dictar, excepto las planchas metálicas, las cuales ella sabía que él tenía.”


Un corresponsal del Chicago Times entrevistó a David Whitmer el 14 de Octubre de 1881, y obtuvo la misma historia: “El Sr. Whitmer afirma enfáticamente, como lo hicieron Harris y Cowdery, que mientras Smith dictaba la traducción, éste no tenía notas manuscritas u otros medios de conocimiento salvo la piedra vidente y los caracteres que se veían en las planchas, y que él [i.e., David Whitmer] estuvo presente y presenció como se realizaba.”


De manera similar, el St. Louis Republican, basado en una entrevista a mediados de Julio de 1884, informó que “Papá Whitmer, quien estuvo presente muy frecuentemente durante la escritura del manuscrito [i.e., de el Libro de Mormón], afirma que José Smith no tenía ningún libro o manuscrito frente a él del cual éste pudiera leer como se afirma que lo hizo, habiendo tenido él (Whitmer) la oportunidad de saber si Smith tenía el romance de Salomón Spaulding, [i.e., una novela] o el de cualquier otra persona, como para leer de éste.”


David Whitmer repitió insistentemente que el proceso de traducción ocurrió a plena vista de los familiares y amigos de José Smith. (La imagen común de una cortina que colgaba entre el Profeta y sus escribas, vista algunas veces en ilustraciones de la historia del Libro de Mormón, está basada en una mala interpretación. Si existió una cortina, al menos en las últimas etapas del proceso de traducción, sin embargo, esa cortina no estaba suspendida entre el traductor y el escriba sino cerca de la puerta delantera de la casa de Peter Whitmer, con el fin de prevenir que los caminantes y mirones interfieran con la obra.)


Una evidencia adicional que demuestra que, sea lo que estuviera pasando, José Smith no estaba simplemente leyendo de un manuscrito, proviene de un episodio relatado por David Whitmer a William H. Kelley y a G. A. Blakeslee en enero de 1882:


Él no podía traducir a menos que fuese humilde y poseyese los sentimientos correctos hacia todos. Se los ilustraré para que vean. Una mañana cuando él estaba alistándose para continuar con la traducción, algo estuvo mal con la casa y él se molesto por esto; era algo que Emma, su esposa, había hecho. Oliverio y yo subimos las escaleras y José se nos unió rápidamente para continuar con la traducción, pero él no pudo hacer nada. No pudo traducir ni una simple sílaba. Él bajó las escaleras y fue a un jardín en donde oró al Señor; estuvo fuera por casi una hora, y cuando volvió a la casa le pidió perdón a Emma y entonces subió las escaleras a dónde estábamos y la traducción continuó sin problemas. Él no podía hacer nada a menos que fuese humilde y fiel. 


Whitmer le contó la misma historia a un corresponsal del Omaha Herald durante una entrevista el 10 de octubre de 1886. En lo que tal vez es un lenguaje sobredimensionado, el reportero del Herald resumió el acontecimiento de la siguiente manera:


Él [José Smith] fue de nuevo a orar a la arboleda, y esta vez se fue por una hora completa. Sus amigos llegaron a estar bastante preocupados, y estaban a punto de organizar una búsqueda, cuando José entró pálido a la habitación, habiendo padecido un severo castigo de las manos del Señor. Fue directamente a su esposa en humildad, pidiendo y obteniendo su perdón, volvió a la obra, y con mucho gozo para él mismo y para los ansiosos amigos que lo rodeaban, la piedra volvió a mostrar las letras de fuego. 


Parecería ser de esta anécdota que José Smith necesitaba estar espiritual o emocionalmente preparado para que continuase el proceso de traducción, algo que hubiese sido completamente innecesario si simplemente él lo hubiese leído de un manuscrito preparado. En este punto un escéptico podría tal vez sugerir que las distracciones emocionales interferían con la habilidad de José Smith para recordar un texto que él había memorizado la noche anterior para dictárselo a sus inocentes secretarios, o que los devaneos personales lo distraían como para poder improvisar un texto original que pueda ser escrito como si le hubiese ocurrido a él. Pero tales potenciales contra-explicaciones sufren de serios defectos: Si fuera remotamente posible imaginar a José Smith o a cualquier otra persona memorizar o componer casi 5000 palabras diarias, día tras día, semana tras semana, en la producción de un libro complejo y voluminoso es una pregunta que los lectores pueden meditar por sí mismos. También uno podría preguntarle al mismo escéptico por qué José simplemente no escribió el libro por sí mismo si estaba en verdad fingiendo la recepción del texto por revelación.


Una anécdota relatada por Martín Harris a Edward Stevenson da evidencia de que la traducción no era un simple dictado de un texto memorizado o la lectura mecánica de un manuscrito ordinario introducido subrepticiamente en la habitación. Al hablar Harris de los primeros días de la obra, antes de la llegada de Oliverio Cowdery, cuando él servía como escriba, “dijo que el Profeta poseía una piedra vidente, mediante la cual él era capaz de traducir, así como también por el Urim y Tumim, y que por conveniencia él usaba la piedra vidente.” La piedra vidente era colocada en un sombrero para oscurecer la luz circundante y hacer legibles las palabras escritas en ella. Al contrario, por supuesto, el escriba necesitaba luz para poder escribir el texto. Esta situación, aunada al hecho de no existir una cortina divisoria, puede haber hecho muy difícil, si no imposible, que José escondiese un manuscrito, o libros, o las planchas mismas. El relato de Stevenson continúa:


Con la ayuda de la piedra vidente aparecían las oraciones y eran leídas por José y escritas por Martín, y cuando terminaba de escribir él decía: “Escrito”, y si estaba correctamente escrito, la oración desaparecía y aparecía otra en su lugar, pero si no estaba escrita correctamente esta permanecía hasta que se corrigiese, de manera que la traducción era tal como fue grabada en las planchas, precisamente en el lenguaje que se usaba entonces. Martín dijo que después de continuar con la traducción cuando ellos se cansaban, bajaban al río y se ejercitaban tirando piedras, etc. En una ocasión mientras lo hacían, Martín encontró una piedra que se asemejaba mucho a la que se usaba para traducir, y al reasumir la obra de traducción, Martín reemplazó la piedra vidente con la que había encontrado. Él dijo que el Profeta permaneció en silencio, y se esforzaba de manera inusual por ver en la obscuridad, sin que aparecieran trazos de las habituales oraciones. Muy sorprendido, José exclamó: “¡Martín! ¿Qué es lo que pasa? ¡Todo está tan obscuro como en Egipto!” El rostro de Martín lo delató, y el Profeta le preguntó por qué lo había hecho, a lo que Martín respondió que para tapar la boca de los necios que le habían dicho que el Profeta se había aprendido todas esas oraciones y que solo las estaba repitiendo, etc. 


Además, resulta claro por medio de un cuidadoso análisis del manuscrito original que José no sabía de antemano lo que el texto iba a decir. Los cortes de capítulos y las divisiones de los libros aparentemente lo sorprendían. Evidentemente él veía alguna indicación de un corte en el texto, y, cada vez que ocurría, le decía al escriba que escribiese “Capítulo” y más tarde se agregaban los números. Por ejemplo, en lo que ahora reconocemos como el final de 1 Nefi, el manuscrito original primero indica que iba a empezar un nuevo capítulo (En las divisiones de capítulos original el texto que continuaba estaba marcado como “Capítulo VIII.) Cuando José y Oliverio subsecuentemente descubrieron que en vez de eso estaban ante el inicio de un libro completamente distinto, 2 Nefi, la especificación original del capítulo fue tachada y colocada después del título del nuevo libro. Esto es muy instructivo. Indica que José podía solo ver el final de una sección pero que no sabía si la siguiente sección sería otra porción del mismo libro o, por el contrario, el comienzo de un libro enteramente nuevo.


Inclusive, había partes del texto que él no entendía. Su esposa Emma recordaba de las primeras etapas de la traducción: “Cuando llegaba a los nombres propios que él no podía pronunciar, o a palabras largas, las deletreaba”, y evidentemente ella mencionó su experiencia a David Whitmer o a cualquier otra persona que supiese de este fenómeno de manera independiente. Whitmer le contó a E. C. Briggs y a Rodolfo Etzenhouser en 1884 que “cuando José no podía pronunciar las palabras las decía letra por letra.” Briggs también recordó una entrevista de 1856 en la que Emma Smith “hizo hincapié en la limitada educación de su esposo mientras él traducía el Libro de Mormón, cuando ella era su escriba, ‘Él no podía pronunciar la palabra Saríah.’ Y en una ocasión cuando estaba traduciendo, cuando se mencionaron los muros de Jerusalén, él se detuvo y dijo: ‘Emma, ¿Jerusalén tenía muros que la rodeaban? Cuando le dije que así era me respondió: ‘Oh, pensé que había sido engañado.’” Como se resumió del testimonio de David Whitmer en 1885 en el Chicago Tribune, éste confirmó la experiencia de Emma: “Al traducir los caracteres, Smith, quien era iletrado y muy poco versado en la historia bíblica, a menudo era compelido a deletrear las palabras, no sabiendo la pronunciación correcta, y el Sr. Whitmer recuerda el hecho de que en ese tiempo Smith ni siquiera sabía que Jerusalén era una ciudad amurallada.” (El uso del término iletrado es potencialmente engañoso puesto que José Smith era letrado, según el uso actual de la palabra, ya que él podía leer y escribir. Pero José no era una persona instruida; no era un hombre de letras. Según esto, en un sentido de la palabra, él era iletrado.)


En la noticia de la muerte de David Whitmer, e indudablemente basados en sus entrevistas anteriores a él, el número del Chicago Times del 24 de enero de 1888 volvió a hacer alusión a las dificultades que tenía José Smith con el texto que dictaba: “Smith, siendo iletrado, a menudo tropezaba con palabras grandes, las que el maestro de la villa [Oliverio Cowdery] se las pronunciaba, de tal manera que la obra prosiguiera.”


Así vemos que José Smith parecía haber estado leyendo desde algo, pero que no tenía ningún libro, manuscrito o documento con él. Parece ser que era un texto nuevo y extraño para él, y que requería cierto enfoque emocional o mental antes de poder leerlo. Todo esto es completamente consistente con las afirmaciones de José Smith, de que él estaba dictando el texto por revelación mediante un instrumento interpretativo, y no concuerda con las afirmaciones de que él había creado el texto previamente, o que estaba leyendo de una copia fraudulenta de algún manuscrito perteneciente a otra persona. Para hacer plausible esta última teoría tendríamos que rechazar el testimonio unánime de los testigos visuales en el proceso e ignorar la evidencia del mismo manuscrito original.


07 junio 2012

Evidencia de oscuridad solar en una zona geográfica limitada

Este artículo muestra la evidencia de cómo es posible un oscurecimiento total en una zona geográfica limitada. 
Tal como ocurrió en los tres días de oscuridad solo en la porción de América donde habitó el pueblo nefita, al momento de la muerte del Jesucristo en Jerusalén.
Autor: Alvaro Figueroa.


Hace un tiempo Israel González (igonzals) escribió un excelente artículo titulado "Los tres días de oscuridad en América cuando murió Jesucristo en Jerusalén".

Este artículo generó un fuerte debate en el que un "Anónimo" sostenía que nunca en la historia se había producido algo semejante, es decir, planteaba como imposible pensar que solo en un sector geográfico limitado existiera oscuridad total. Rápidamente se aclaró que la Biblia efectivamente respaldaba este hecho y se citó a la plaga novena que Moisés envió sobre Egipto. Si bien la Biblia demuestra que si es posible, también igonzals en el articulo menciona la tradición oral del pueblo Washoe, la cual habla de esta oscuridad en América. Sin embargo, la pregunta continuó resonando:

¿Existe algún otro registro que respalde la posibilidad de esta oscuridad limitada geográficamente?

Y debido a que "Anónimo" insistió en su negativa total a esta posibilidad, es que me dediqué a investigar sobre el asunto hasta encontrar la siguiente información:

El 19 de mayo de 1780, ocurrió un en Nueva Inglaterra un hecho inexplicable hasta entonces... El libro de R.M Devens "Our First Century" en la página 89 describe este día como:
"Único en su especie, como el más y misterioso y hasta ahora inexplicable fenómeno en su clase... fue el día oscuro del 19 de Mayo de 1780; el mas innarrable oscurecimiento de todo el cielo y la atmósfera visible en Nueva Inglaterra"
En la journal científico "Essex Antiquarian", volumen de 1899, narra las experiencias de la gente ante tan admirable fenómeno y relata que eran las 11 de la mañana cuando esta obscuridad total se produjo:
"Temor, ansiedad y terror se apoderaron gradualmente de las mentes. desde las puertas de sus casas las mujeres contemplaron la lóbrega escena: los hombres volvían de las faenas en el campo; el carpintero dejaba sus herramientas, el herrero su fragua, el comerciante su mostrador. Los niños eran despedidos de las escuelas y huían a sus casas temblando, los viajantes hacían alto en la primera casa que encontraban. Cada labio y corazón preguntaba: ¿qué va a pasar? parecía como si un huracán se fuera a desatar sobre la región, o como si fuera el día de la consumación de todas las cosas.

" Hubo que prender velas y la lumbre del hogar relumbraba tan brillantemente como en una noche de otoño sin luna. Las aves domesticas volvieron a sus gallineros y corrales y se dispusieron a dormir, el ganado reunido en su encierro mugía, las ranas croaban, los pájaros cantaban sus melodías vespertinas y los murciélagos revoloteaban. Solo el hombre sabía que no había llegado la noche... 
"El doctor Nathanael Whittaker, pastor de la Iglesia del Tabernáculo, en Salem, dirigió cultos en la sala de reuniones y predicó un sermón en el cual sostuvo que la oscuridad era sobrenatural. Otras congregaciones también se reunieron en otros lugares. En todos los casos, los textos de los sermones improvisados fueron los que parecían indicar que la oscuridad concordaba con la profecía Bíblica... la oscuridad alcanzó su mayor densidad poco después de las 11 de la mañana".
Ahora lo más importante del punto: que el Libro de William Gordon titulado "History of the Rise, Progress, and Esttablishment of the Independence of the Usa", t.3 pagina 57, hace referencia a los límites geográficos en que se produjo este fenómeno, veamos:
"En la mayor parte del País fue tanta la oscuridad durante el día, que la gente no podía decir qué hora era ni por reloj de bolsillo ni por reloj de pared; tampoco podía comer o atender los quehaceres domésticos sin las velas prendidas...

"La extensión de esa oscuridad fue extraordinaria. Se la observó al Este hasta Falmouth, y al Oeste hasta la parte mas lejana del Estado de Connecticut en la Ciudad de Albani; hacia el Sur fue observada a lo largo de toda la costa y por el norte lo fue hasta donde se extendían las colinas norteamericanas".
La explicación es notable y no deja ninguna duda de que sí hubo una oscuridad total y lo más destacable es que esto ocurrió en una  zona geográfica totalmente limitada, sin que el resto del país  percibiera lo sucedido. 

Como podemos apreciar, definitivamente la oscuridad de 3 días  mencionada en el Libro de Mormón y que solo ocurrió en América, es totalmente posible.

La conclusión extraída de la presente investigación, nos permite señalar que las críticas y cuestionamientos realizados por muchos lectores a la veracidad del Libro de Mormón, finalmente nos fortalecen, ya que es a través de ellas que surgen nuevos desafíos investigativos que no hacen más que confirmar estas verdades y fortalecer nuestro testimonio.

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