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08 agosto 2008

Viajes Trans-oceanicos





Esta es la otra mitad del primer articulo que nos evio Jacky Levad, ella prometio enviarnos una segunda parte, ¡¡ asi que te esperamos ¡¡



El otro libro es el Popol Vuh, el «Libro del Consejo» del altiplano maya. Hace un relato de los orígenes divinos y humanos y de las genealogías reales; su cosmogonía y sus leyendas sobre la creación son básicamente similares a las de los pueblos nahuatlacas, indicando una fuente original común. En lo referente a los orígenes de los mayas, el Popol Vuh afirma que sus antepasados llegaron «del otro lado del mar». Landa escribió que los indígenas,

«han escuchado de sus antepasados que esta tierra fue ocupada por una raza de personas que vinieron de Oriente, a quienes Dios había liberado abriendo doce senderos a través del mar».

Estas afirmaciones concuerdan con el relato maya conocido como la leyenda de Votan. De ésta dan cuenta diversos cronistas españoles, en particular fray Ramón Ordóñez y Aguiar y el obispo Núñez de la Vega. Más tarde, fue recogida de sus distintas fuentes por el sacerdote E. C. Brasseur de Bourbourg (Histoire de nations civilisées du Mexique).

La leyenda relata la llegada a Yucatán, hacia el 1000 a.C, según los cálculos de los cronistas, del «primer hombre al que Dios envió a esta región para poblar y distribuir la tierra que ahora se llama América». Su nombre era Votan (se desconoce el significado); su emblema era la Serpiente.

«Era descendiente de los Guardianes, de la raza de Can. Su lugar de origen era una tierra que se llamaba Chivim.»

Hizo cuatro viajes en total. La primera vez que desembarcó, fundó una población cerca de la costa. Después de un tiempo, avanzó tierra adentro y «en el afluente de un gran río construyó una ciudad que fue la cuna de esta civilización». Llamó a la ciudad Nachan, «que significa lugar de serpientes». En su segunda visita, inspeccionó el recién fundado país, examinando sus zonas y sus pasadizos subterráneos; se decía que uno de estos pasadizos cruzaba en línea recta una montaña cercana a Nachan. Cuando volvió a América por cuarta vez, se encontró con que entre el pueblo había surgido la discordia y la rivalidad, de manera que dividió el reino en cuatro dominios, fundando una ciudad en cada uno para que les sirviera de capital. Una de las que se menciona es Palenque; otra parece que estuvo cerca de la costa del Pacífico. Las demás se desconocen.

Núñez de la Vega estaba convencido de que la tierra de la que había llegado Votan era fronteriza con Babilonia. Ordóñez llegó a la conclusión de que Chivim era el país de los heveos, a quienes la Biblia (Génesis 10) relaciona como hijos de Canaán, primos de los egipcios. Y recientemente, Zelia Nuttal, en Papers of the Peabody Museum, de la Universidad de Harvard, indicó que la palabra maya que significa serpiente, Can, se correspondía con la hebrea, Canaan. Si es así, la leyenda maya, que dice que Votan era de la raza de Can y su símbolo era la serpiente, podría estar utilizando un juego de palabras para afirmar que Votan provenía de Canaán. Esto justificaría, ciertamente, nuestro asombro de que Nachan, «lugar de serpientes», sea virtualmente idéntico al hebreo Nachash, que significa «serpiente».

Estas leyendas fortalecen la opinión de una escuela de expertos que considera la Costa del Golfo como el lugar en donde se inició la civilización yucateca -no sólo la de los mayas, sino también la de los primitivos olmecas. Según este punto de vista, hay que otorgarle una mayor consideración a un lugar que es muy poco conocido por los visitantes, y que pertenece a los verdaderos comienzos de la cultura maya, «entre el 2000 y el 1000 a.C, si no antes», según los arqueólogos que lo excavaron, de la Universidad de Tulane y de la sociedad National Geographic.

Este sitio, llamado Dzibilchaltún, está situado cerca de la ciudad portuaria de Progreso, en la costa noroccidental de Yucatán. Las ruinas, que se extienden por una superficie de más de 50 kilómetros cuadrados, revelan que la ciudad estuvo ocupada desde los tiempos más primitivos y a lo largo de la época hispánica, habiendo sido construidos y reconstruidos sus edificios una y otra vez, y habiéndose llevado sus piedras aquí y allá tanto para construcciones hispánicas como modernas. Además de sus inmensos templos y sus pirámides, el rasgo más llamativo de la ciudad es el Gran Camino Blanco, una calzada pavimentada con piedras de caliza que discurre recta a lo largo de casi dos kilómetros y medio, siguiendo el eje este-oeste de la ciudad.

Una sucesión de importantes ciudades mayas se extiende a lo largo del extremo septentrional de Yucatán, con nombres bien conocidos no sólo para los arqueólogos, sino también para millones de visitantes: Uxmal, Izamal, Mayapán, Chichén Itzá, Tulum, por mencionar sólo los lugares más sobresalientes. Cada una de estas ciudades jugó un papel importante en la historia maya; Mayapán fue el centro de una alianza de ciudades-estado, Chichén Itzá se hizo grande gracias a los emigrantes toltecas.



Palenque, una de las más primitivas ciudades mayas, esta situada cerca de la frontera entre México y Guatemala, y se puede llegar a ella desde la moderna ciudad de Villahermosa. En el siglo VII d.C, Palenque marcó el límite occidental de la expansión maya. Los europeos saben de su existencia desde 1773; se han descubierto las ruinas de sus templos y sus palacios, y sus ricas decoraciones de estuco y sus inscripciones jeroglíficas vienen siendo estudiadas por los arqueólogos desde la década de 1920.

Sin embargo, su fama y su atractivo descollaron tras el descubrimiento (de Alberto Ruiz-Lhuillier), en 1949, de que, en una pirámide escalonada llamada el Templo de las Inscripciones, había una escalera secreta interior que llevaba hacia abajo. Varios años de excavaciones y de extracción de la tierra y los escombros que cubrían y ocultaban la estructura interna rindieron al fin un descubrimiento de lo más excitante: una cámara mortuoria (Fig. 27).

Figura 27


En el fondo de la sinuosa escalera, un bloque de piedra triangular enmascaraba una entrada a través de una pared lisa que aún estaba custodiada por los esqueletos de unos guerreros mayas. Al otro lado, había una cripta abovedada con murales en las paredes. Dentro, había un sarcófago de piedra, cubierto con una gran losa de piedra rectangular que pesa alrededor de 5 toneladas y tiene más de 3 metros y medio de longitud.

Cuando se quitó esta tapa de piedra, aparecieron los restos óseos de un hombre alto, engalanado aún con joyas de jade y perlas. Su rostro estaba cubierto con una máscara de mosaico de jade; un pequeño colgante de jade, con la imagen de una deidad, se encontraba entre las cuentas de lo que una vez fue un collar de jade.

El descubrimiento era sorprendente, pues hasta entonces no se había encontrado ninguna otra pirámide ni templo alguno en México que sirviera de tumba. Pero el enigma de la tumba y de su ocupante tomó mayores dimensiones por las imágenes grabadas sobre la losa de piedra: era la imagen de un maya descalzo, sentado sobre un trono emplumado o llameante, que parecía manipular unos instrumentos mecánicos dentro de una elaborada cámara (Fig. 28).


La Ancient Astronaut Society y su patrocinador, Erich von Daniken, han querido ver en esta imagen a un astronauta dentro de una nave espacial propulsada por unos llameantes reactores, y sugieren que es un extraterrestre el que se enterró aquí.

Figura 28


Los arqueólogos y otros expertos ridiculizan la idea. Las inscripciones de las paredes de este edificio funerario y las estructuras adyacentes les hacen pensar de que la persona aquí enterrada es un soberano llamado Pacal («Escudo»), que reinó en Palenque entre 615-683 d.C.

Algunos ven en la escena la representación del fallecido Pacal en el momento de ser llevado por el Dragón del Mundo Inferior al reino de los muertos; tienen en cuenta el hecho de que, en el solsticio de invierno, el Sol se pone exactamente por detrás del Templo de las Inscripciones, como símbolo añadido de la partida del rey con la puesta del Dios Sol.

Otros, inducidos por interpretaciones modificadas por el hecho de que la imagen está enmarcada por una Banda Celeste, una serie de glifos que representan los cuerpos celestes y las constelaciones zodiacales, contemplan la escena como el rey siendo llevado por la Serpiente Celeste hasta el celestial reino de los dioses. El objeto parecido a una cruz que el fallecido está enfrentando se reconoce ahora como un estilizado Árbol de la Vida,sugiriendo que el rey está siendo llevado a una vida eterna.












De hecho, se descubrió una tumba similar, conocida como Enterramiento 116, en la Gran Plaza de Tikal, a los pies de una de sus principales pirámides
A algo más de seis metros de profundidad, se encontró el esqueleto de un hombre extraordinariamente alto. Su cuerpo estaba ubicado sobre una plataforma de sillería, engalanado con alhajas de jade, y rodeado (como en Palenque) de perlas, objetos de jade y cerámica.

También se han encontrado en diversos lugares mayas imágenes de personas llevadas en las fauces de serpientes de fuego (a las que los expertos llaman Dioses Celestes), como ésta de Chichén Itzá (Fig. 29).

Figura 29


Figura 30


Teniendo en cuenta todo esto, los expertos admiten que «uno no puede evitar una comparación implícita con las criptas de los faraones egipcios. Las similitudes entre la tumba de Pacal y las de aquellos que reinaron previamente a orillas del Nilo son sorprendentes» (H. La Fay, «The Maya, Children of Time», en National Geographic Magazine).

De hecho, la escena del sarcófago de Pacal transmite la misma imagen que la de un faraón transportado por la Serpiente Alada hasta una vida eterna entre los dioses que vinieron de los cielos. El faraón, que no era un astronauta, se había convertido en uno de ellos tras su muerte; y eso, en nuestra opinión, es lo que la escena grabada sugiere acerca de Pacal.

No sólo se han descubierto tumbas en las selvas de América Central y en las regiones ecuatoriales de Sudamérica. Una y otra vez, una colina cubierta de vegetación tropical resulta ser una pirámide; y grupos de pirámides resultan ser las cúspides de una ciudad perdida. Hasta que comenzaron las excavaciones en El Mirador, un lugar de la selva a caballo entre México y Guatemala, en 1978, mostrando una importante ciudad maya de alrededor del 400 a.C, que ocupa unos 15 kilómetros cuadrados, la escuela de los inicios meridionales de los mayas (cf. S. G. Morley, The Ancient Maya) creía que Tikal no era sólo la ciudad maya más grande, sino también la más antigua.


IDOLATRÍAS COMUNES ENTRE LAS RUINAS DE LOS PUEBLOS MESOAMERICANOS Y LAS DE CANAÁN:

Segunda parte.....ProximamenteUn Saludo ....Espero hayan disfrutado el tema...

Cariños....~Jacky


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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que hay varios pasajes del Libro del Mormon en los que se habla de la Serpiente levantada por Moises en el desierto, del simbolo que representaba y de gente que murió por no tener fé o no mirar tras ser picados. También el pueblo de Nefi tuvo su plaga y mortandad por serpientes. Supongo que es un poco aventurado pero esto es lo que yo veoo en esta tapa de sarcofago.

gsus dijo...

He leido el Popol Vuh y ciertamente se parece mucho en cuanto al libro de Génesis en la Biblia, aunque un poco distorcionada, me atrevería a decir que es el Géensis de los lamanitas, pues para mi es la copia mesoamericana, tanto en como se creo en hombre , como se creo la mujer, como crearon los dioses el planeta, toodo, bueno, a mi me gusta leer, y me gustaría formar parte de su equipo, aunque soy inexperto en esto, me gusta leer e investigar y todo lo vinculo con la Iglesia de Jesucristo, bueno estoy aqui a sus ordenes.

Atte Jesús Rivas

alvarorodr dijo...

enviame un correo a
alvarofigueroaz@hotmail.com
asi nos podemos de acuerdo como podrias ayudarnos, seria muy bueno, si quieres ver algo relacionado con el Popol vuh y la Hispanidad

http://evidencias-ellibrodemormon.blogspot.com/2007/12/en-el-principio-dios-se-revel-la.html

saludos y espero tu correo

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