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13 marzo 2016

El libro milagroso de Mormón

(Artículo oficial de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Liahona Febreo de 2016)

Mormón llevó a cabo la abrumadora tarea de compendiar los registros nefitas de una manera eficaz y milagrosa.

Por John L. Sorenson
Profesor emérito de antropología, Universidad Brigham Young


Cuando Mormón vio que su pueblo nefita estaba a punto de ser exterminado, se propuso escribir “un breve compendio” de sus anales (Mormón 5:9). Ese proyecto comenzó en el último lugar en el que los nefitas acamparon antes de congregarse finalmente en la tierra de Cumorah. Las condiciones en las que los nefitas estaban viviendo no pudieron haber sido sino duras; el pueblo se componía de refugiados cuyas fuentes de alimento, vestimenta y refugio eran inciertas. Mormón probablemente siguió escribiendo aun durante el periodo de cuatro años de preparación para la batalla final que habían convenido con el comandante lamanita; pero, en cualquier caso, la historia compendiada se completó y el archivo se enterró en el cerro de Cumorah mucho antes del conflicto final (véase Mormón 6:6).

Es evidente que la creación del Libro de Mormón fue una hazaña abrumadora, especialmente cuando se consideran las condiciones del “campo” en que Mormón tuvo que trabajar y los deberes adicionales que tenía al estar al mando de sus fuerzas mientras se preparaban para la batalla final. Es comprensible entonces que el producto final no estuviera falto de imperfecciones1.

Limitaciones en la obra de Mormón

Consideren algunas de las limitaciones que Mormón enfrentó en la realización de su objetivo:
  1. El tamaño de su nuevo registro tendría que restringirse drásticamente. El libro debía ser lo suficientemente portátil como para que Moroni pudiera transportarlo a un lugar seguro.
  2. El producto físico se debía preparar de manera que perdurara durante siglos.
  3. De los posibles sistemas de escritura que Mormón podía utilizar, solo uno de ellos era lo suficientemente conciso para caber en el libro.
  4. La narración debía ser de una longitud práctica, fiel a los hechos de la historia contenida en los anales que estaba resumiendo y expresada de una manera que él considerara apropiada.
  5. El tiempo para realizar el trabajo era poco. Mormón tuvo un poco más de tres años para llevar a cabo toda la compilación y redacción de más de seiscientos años de historia. Posiblemente ni siquiera tuvo tiempo de leer todos los registros que tenía en las manos, y seguramente no tuvo tiempo para afinar el estilo o volver a editar.
Teniendo en cuenta todas esas limitaciones, ¿cómo escogió Mormón qué información incluir y cuál omitir?  

En algunas formas su logro inspirado de producir el Libro de Mormón fue tan sorprendente y admirable como el logro posterior de José Smith de traducir los anales en tan poco tiempo.

Escoger un sistema de escritura

El texto del Libro de Mormón indica en varios lugares la dificultad que los escribas tenían para expresarse claramente (véanse Jacob 4:1; Mormón 9:33; Éter 12:23–25, 40). Mormón dijo: “… hay muchas cosas que, de acuerdo con nuestro idioma, no podemos escribir” (3 Nefi 5:18). “Nuestro idioma”, en ese sentido, se refiere obviamente a su sistema de escritura, no al idioma que hablaban. Moroni también nos dice que no habría habido “ninguna imperfección” (Mormón 9:33) si hubieran utilizado escritura hebrea, que es un sistema alfabético.

Los historiadores nefitas denominaron los “caracteres” que utilizaron para escribir “egipcio reformado” (Mormón 9:32). Ese sistema consistía en “la ciencia de los judíos y el idioma de los egipcios” (1 Nefi 1:2). Ocasionalmente, se utilizaron símbolos egipcios en la Palestina antigua para escribir los sonidos de palabras hebreas2. De la muestra de caracteres de la “Transcripción Anthon”3, la cual se afirma que es una copia de caracteres de las planchas que José Smith tradujo, es evidente que no se basaron directamente en la escritura egipcia que se utilizaba a diario en la época de Lehi. Tienen más la apariencia de los símbolos del egipcio hierático, un sistema paralelo y más antiguo de símbolos que también utilizaban cuando empleaban pincel y tinta en vez de grabar en piedra.


El sistema hierático era más conciso que la escritura hebrea alfabética, pero también más ambiguo porque una gran cantidad de los caracteres representaban morfemas o palabras completos y complejos (que actualmente se llaman logogramas) en vez de sonidos deletreados para formar palabras, como en un alfabeto. El significado de cada logograma se tenía que memorizar. Esa ambigüedad pudo haber sido parte del problema de “la manera de colocar nuestras palabras” (Éter 12:25) del que habla Moroni.

Una causa adicional de “imperfecciones” pudo haber sido que, como el egipcio hierático se utilizaba principalmente para escribir en forma cursiva, el usarlo para grabar un registro en planchas de metal podía significar que los pequeños deslices de la mano del grabador y el no tener un “borrador” eficaz a su disposición para hacer correcciones podían resultar en que se malentendieran los caracteres.

Muchos juegos de anales

Además de las planchas mayores de Nefi, se utilizaron documentos suplementarios en ciertas partes de la creación de la narración de Mormón. Él observó varias veces su dependencia del “propio registro [de Alma]” (Alma 5:2; encabezamiento del capítulo 7; 35:16). También utilizó “los anales de Helamán” y “de sus hijos” (introducción del libro de Helamán), y también leemos en cuanto a “los anales de Nefi” (3 Nefi 5:10).

En ocasiones, Mormón también dependió de otros escritos originales, algunos de los cuales no identificó claramente. Entre algunos de los posibles anales suplementarios se encuentran:

  • El texto del gran discurso del rey Benjamín (Mosíah 2:9–Mosíah 5).
  • Los anales de las planchas de Zeniff (Mosíah 9–22).
  • La predicación de Alma en primera persona en Zarahemla, Gedeón y Melek (Alma 5, 7 y 8).
  • La historia de las experiencias de Alma y Amulek en Ammoníah (Alma 9–14).
  • La relación detallada del ministerio de los hijos de Mosíah y sus compañeros entre los lamanitas (Alma 17–27).
  • Los discursos de Alma a sus hijos Helamán, Shiblón y Coriantón (Alma 36–42).

Moroni también incluyó su traducción y resumen de la historia de Éter sobre los jareditas, preparada y agregada por Moroni como el libro de Éter; así como extractos de enseñanzas y cartas de su padre, Mormón (Moroni 7–9)4.

Los anales sagrados más importantes se conservaron en metal para asegurar su permanencia; ellos supusieron que los anales conservados en substancias más perecederas, con el tiempo, serían ilegibles (véase Jacob 4:2). El uso de ejemplares de las Escrituras en papel para el uso cotidiano se insinúa en el hecho de que se quemaron los que poseían los conversos de Alma en Ammoníah (véase Alma 14:8; compárese con Mosíah 2:8; 29:4 y Alma 63:12). Las planchas de metal no eran fáciles de elaborar (véase Mormón 8:5) ni de grabar, de modo que su disponibilidad era limitada.

Haciendo uso de la diversidad de materiales que tenía disponibles, Mormón redactó su historia “según el saber y el entendimiento que Dios” le había dado (Palabras de Mormón 1:9). La ayuda divina a veces era directa y específica, como cuando el Señor le instruyó no incluir una descripción más larga de las enseñanzas de Jesús a los nefitas (véase 3 Nefi 26:6–12); pero no se da ninguna indicación de que se le haya revelado información histórica adicional.

“Y así vemos”

Mormón dijo varias veces que su compendio no podía incluir mas que una fracción del material histórico que se encuentra en las planchas mayores de Nefi (véanse Palabras de Mormón 1:5; 3 Nefi 5:8; 26:6; véanse también Jacob 3:13–14; 4:1). ¿Cómo, entonces, seleccionó sus materiales?

Su criterio principal se manifiesta repetidamente en su libro. El objetivo era asegurarse de que sus lectores, especialmente los futuros habitantes de la tierra prometida en el continente americano, y particularmente los descendientes de Lehi, captaran la importancia para ellos de la promesa y la profecía que se dieron al padre Lehi: “Según guardéis mis mandamientos, prosperaréis en la tierra” (Jarom 1:9). En realidad, es a la versión negativa que Amarón usó de lo que dijo Lehi a la que Mormón da su atención principal: “Si no guardáis mis mandamientos, no prosperaréis en la tierra” (Omni 1:6; cursiva agregada).

Las lecciones de Mormón delinean el contraste entre el bien y el mal de manera dramática. Las personas que figuran en sus anales hacen hincapié en la obediencia y la virtud por un lado, en comparación a la maldad obstinada, por el otro. Describe a los malhechores como totalmente malos y merecedores de su suerte; mientras que describe a los héroes como loables en casi todo sentido. A los personajes de la zona gris casi ni se les hace notar. Mormón no quería dejar pregunta alguna en la mente de sus lectores de que el bien y el mal son completamente opuestos (noten las propias palabras de Mormón en cuanto a ese contraste en Moroni 7:5–19). Sin duda, Mormón agregó su propia interpretación personal inspirada a lo que estaba relatando. Esa postura a menudo se ve señalada mediante el uso de una frase similar a “y así vemos” (por ejemplo, en Alma 42:4, 7, 14; Helamán 3:23–31; 6:34–40).

Mormón y Moroni presentan sus “breves” anales a los futuros lectores como un tipo singular de historia interpretativa. Lo presentan a las épocas futuras no de la manera en que un historiador escribiría una historia, sino como un poderoso mensaje moral que tenía la intención de educar a los lectores en cuanto a las lecciones que ambos habían aprendido durante su largo y arduo servicio a su pueblo y a Dios. Hicieron uso de las mejores fuentes disponibles de la manera más eficaz que pudieron. La labor y dedicación que se manifiestan en su obra han sido para el beneficio de todas las personas de nuestros días, y por ello les expreso mi más profundo agradecimiento.

Fuentes:
  1. Por ejemplo, es posible que algunos errores menores (el equivalente de los errores tipográficos modernos) se encuentren entre las “faltas” a las que Moroni se refiere como “equivocaciones de los hombres” en la portada del Libro de Mormón. Incluyen el informe erróneo de la captura de la ciudad de Nefíah (Alma 51:26; compárese con Alma 59:5) y un error en el que el mismo acontecimiento se dice en un pasaje que tuvo lugar en el año veintiséis de los jueces (Alma 56:9) y en otro en el año veintiocho (Alma 53:22–23). Dichas fallas muestran el lado humano de la tarea del historiador, aun cuando no deben causar ningún problema de gravedad en la lectura de los anales.
  2. Véase de John A. Tvedtnes y Stephen D. Ricks, “Jewish and Other Semitic Texts Written in Egyptian Characters”, Journal of Book of Mormon Studies, tomo V, nro. 2, 1996, págs. 156–163; y de John A. Tvedtnes, “Linguistic Implications of the Tel-Arad Ostraca”, Newsletter and Proceedings of the Society for Early Historic Archaeology, nro. 127, 1971.
  3. Véase de B. H. Roberts, New Witnesses for God, 3 tomos, 1909, tomo II, págs. 93–104.
  4. Para obtener mayor información en cuanto a las diferentes fuentes para los anales, véase “Una breve explicación acerca del Libro de Mormón”, en el Libro de Mormón.


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1 comentario:

Jorge Alberto Ponce Banegas dijo...

En Mormón 6:6 dice que Mormón escondió "todos los anales en el cerro de Cumorah exceptuando las pocas planchas que entregó a su hijo Moroni", se puede inferir que estas pocas planchas se refieren a los registros que Moroni llevó consigo hasta lo que hoy es Nueva York y que entregó a José Smith. Considero que como este artículo es oficial de la iglesia prudentemente no profundiza en este tópico porque en el mismo versículo dice que hubo un pequeño registro que no se enterró. Moroni necesitaba escribir en el para sellar este registro.
Aunque saber la ubicación de las tierras del libro de mormón no es necesario para nuestra exaltación, es hermoso leer el L. de M. y ubicarlo en un contexto geográfico, y el mejor escenario para esto es Mesoamerica. Saludos!

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