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27 marzo 2014

Los anteojos, la piedra, el sombrero y el libro: la imagen que tiene un creyente del siglo XXI sobre la traducción del Libro de Mormón (Cuarta y última parte)

¿Cómo fue el proceso de traducción del Libro de Mormón? Un análisis a partir de algunos registros históricos sobre este acontecimiento, en los inicios de la restauración de la Iglesia (Cuarta y última parte).

Autor: Roger Nicholson.
Traductor: Antonio A. Caballero.


¿Qué instrumento usó José para traducir el Libro de Mormón?

En 1886, David Whitmer indicó que José utilizó su propia piedra clarividente para traducir todo el texto del Libro de Mormón que tenemos hoy en día. En esta entrevista, Whitmer señala que los anteojos nunca fueron devueltos a José Smith después de perder las 116 páginas y que se le proporcionó una piedra clarividente para continuar con la traducción; sin embargo, no se puede confirmar que en realidad este fuera el caso.

¿Qué pasó finalmente con la piedra clarividente de José? David Whitmer dijo: “Al terminar la traducción del Libro de Mormón antes del 6 de abril, a principios de la primavera de 1830, José le dió la piedra a Oliver Cowdery y me dijo, así como a los demás, que había terminado con ella y no volvió a usar la piedra nunca más.”[1] Más adelante la piedra fue a parar a Utah. En una ocasión, la piedra estuvo presente en la dedicación del templo de Manti. Wilford Woodruff escribió sobre aquel acontecimiento en su diario: “Antes de marchar, consagré sobre el altar la piedra clarividente que José Smith encontró por revelación, enterrada a unos 30 pies (9 metros), la cual llevó encima durante su vida.”[2] En 1956, élder Joseph Fielding Smith comentó que “ya se mencionó que el Urim y Tumim estuvo sobre el altar del templo de Manti cuando se dedicó el edificio. Sin embargo, el Urim y Tumim del que tanto se ha hablado, era la piedra clarividente que en los primeros días estaba en posesión del profeta José Smith. Actualmente la Iglesia posee la piedra clarividente.”[3] Esto quiere decir que el instrumento con el que pudo haberse traducido de forma completa o parcial el Libro de Mormón continúa estando en posesión de la Iglesia, al contrario que el Urim y Tumim “original” (los intérpretes nefitas), los cuales fueron devueltos al ángel Moroni en algún momento durante o después de la traducción.

Las referencias sobre el uso de la piedra durante la traducción del Libro de Mormón no están confinadas al siglo XIX. Ya hemos podido ver una mención de la misma en la revista “Friend” de septiembre de 1974 y en la cita del élder Russell M. Nelson sobre la descripción de David Whitmer de la piedra y el sombrero en la Liahona de julio 1993. Estos no son los únicos ejemplos. Élder Neal A. Maxwell citó a Martin Harris en la Liahona de enero de 1997, señalando que “Martin Harris habló de la piedra clarividente: “Aparecían frases y eran leídas por el profeta y escritas por Martin.””[4] En 1988, élder Maxwell también mencionó “el sombrero usado por José Smith, que según consta protegía de la luz, durante una parte de la traducción del Libro de Mormón.”[5] En la Liahona de enero de 1988, el director de área del Sistema Educativo de la Iglesia Kenneth Godfrey mencionó que “la traducción involucró vista, poder, traducción de caracteres, el Urim y Tumim o una piedra clarividente, estudio y oración.”[6] El profesor Richard Lloyd Anderson de la Universidad de Brigham Young, en la Liahona de septiembre de 1977, cita a David Whitmer diciendo que “José Smith ponía la piedra clarividente dentro del sombrero e introducía su rostro en el sombrero, ajustandolo muy bien por toda su cara para no dejar pasar la luz.”[7]

Elder Dallin H. Oaks aclaró que “debería de reconocerse que herramientas tales como el Urim y Tumim, la Liahona, las piedras clarividentes y otros objetos, se han usado según convenía en épocas bíblicas, del Libro de Mormón y en tiempos modernos por aquellos quienes tenían el don y autoridad de obtener revelación de Dios vinculados a su uso.”[8]

Los primeros miembros de la iglesia sabían que José recibía revelación por medio del Urim y Tumim, los cuales pudieron ser tanto los intérpretes nefitas como la piedra clarividente. Doctrina y Convenios 28 declara que “Hiram Page, miembro de la Iglesia, tenía cierta piedra y profesaba estar recibiendo, con ayuda de ésta, revelaciones concernientes a la edificación de Sión y el orden de la Iglesia. Estas afirmaciones habían engañado a varios miembros y habían influido erróneamente incluso en Oliver Cowdery.”[9] El hecho de que “habían influido erróneamente aún en Oliver”, indica claramente que Oliver sabía bastante bien que el Urim y Tumim no se limitaba a un sólo instrumento. La solución a esta situación involucró al Señor aclarando que, “nadie será nombrado para recibir mandamientos y revelaciones en esta Iglesia sino mi siervo José Smith, hijo, porque los recibe así como Moisés” (DyC 28:2). La piedra de Page fue destruida y cualquier revelación que recibió por medio de ella fue rechazada. El problema no fue el hecho de que Hiram Page estaba usando una piedra diferente al Urim y Tumim de José para recibir revelación, sino el hecho de que no estaba autorizado a recibir revelación en nombre de la Iglesia.

La piedra y el sombrero se pierden en la historia

Ya sabemos que José Smith era reacio a describir detalladamente el proceso de traducción. El profesor de la Universidad de Brigham Young Stephen Ricks siente que “la reticencia de José estaba probablemente justificada y puede que se debiera al excesivo interés que algunos de los primeros Santos mostraron hacia la piedra clarividente o las reacciones negativas y en ocasiones amargas con las que se encontró cuando compartió algunas de sus sagradas experiencias con otros.”[10] De hecho, José nunca comentó los detalles concerniente al instrumento que utilizó tanto para traducir el Libro de Mormón como para recibir revelación. José simplemente contó a las personas que recibía sus primeras revelaciones por medio del “Urim y Tumim.”

Durante la década de 1930, el Dr. Francis Kirkham se empeñó en “reunir y evaluar todos los artículos de los periódicos que pudiera encontrar sobre el Libro de Mormón.”[11] Muchos de estos artículos se obtuvieron de colecciones de periódicos localizados en la zona de Nueva York y recientemente se han puesto a disposición en una base de datos por internet administrada por el “Neal A. Maxwell Institute for Religious Scholarship.”[12]

Como hemos podido ver, muchos de estos artículos periodísticos hacen referencia al uso de unos anteojos o una piedra junto con un sombrero, en concordancia con las últimas declaraciones de Martin Harris y David Whitmer. En la revista “Improvement Era” de octubre de 1939, Kirkham citó las declaraciones de Martin Harris y David Whitmer sobre la piedra y el sombrero. Sin embargo, Kirkham, no aceptó las declaraciones de los testigos presenciales que aseguraban que José realmente usó una piedra clarividente durante la traducción del Libro de Mormón, determinando que “las declaraciones de estos dos hombres se deben a la predisposición de la edad avanzada por evocar aquellos desvanecedores e inciertos recuerdos para avivar los detalles de hechos que para ellos seguían vivos y ecuánimes.”[13] En su libro de 1951 “A New Witness For Christ in America”, Kirkham creyó que “era posible que para el profeta no fuera oportuno intentar explicar cómo se tradujo, puesto que los que le oyeran no tendrían la capacidad de entender. Al parecer, en aquella época, era suficiente para ellos el saber que la traducción se llevó a cabo por medio del don y poder de Dios.”[14] Kirkham continúa diciendo que, “después de unos 40 años, tanto David Whitmer como Martin Harris intentaron revelar el método de traducción. Evidentemente el profeta no les había contado cómo lo hizo.”[15] A pesar del hecho de que algunos aspectos de las historias de Harris y Whitmer concuerdan entre ellas, Kirkham simplemente se rehúsa a aceptar la idea de que las declaraciones puedan basarse en la verdad.

Libro de 1951 “A New Witness For Christ in America”

En 1956, élder Joseph Fielding Smith sabía de la piedra clarividente, pero no creía que José llegase a usarla durante la traducción del Libro de Mormón.
NO SE USÓ UNA PIEDRA CLARIVIDENTE DURANTE LA TRADUCCIÓN DEL LIBRO DE MORMÓN. Desde los tiempos del profeta se nos ha enseñado que el Urim y Tumim fué devuelto, junto con las planchas, al ángel. No tenemos ningún documento que diga que el profeta tenía el Urim y Tumim después de la organización de la Iglesia. Cualquier declaración sobre traducciones hechas por medio del Urim y Tumim después de esa fecha son evidentemente erróneas.[16]
Al igual que Kirkham, Joseph Fielding Smith simplemente rehúsa a aceptar que tengan alguna validez las declaraciones que digan que José hubiera utilizado su piedra clarividente con el propósito de traducir. Bajo su punto de vista, dichas declaraciones eran simplemente erróneas.

Durante el siglo XX, el relato que decía que José traducía detrás de una cortina mientras que usaba como Urim y Tumim los intérpretes nefitas continuaba firmemente asentado y generalmente sin respuesta por parte de los miembros de la Iglesia. Sin embargo, los eruditos Santos de los Últimos Días continuaron investigando las historias que cuentan el uso por parte de José de una piedra clarividente. Dichas referencias nunca llegaron al currículo de la Iglesia ni al conocimiento general de sus miembros. Si eras un estudioso, entonces sabías que José usó una piedra clarividente, si eras un miembro con nociones básicas de la historia de la Iglesia, sabías que José usó los intérpretes nefitas. Las discusiones relativas al uso de las “piedras clarividentes” o la práctica de la “búsqueda del tesoro” por parte de José se mantenían principalmente dentro del ámbito de los eruditos SUD. Mientras Leonard J. Arrington ocupaba el cargo de Historiador de la Iglesia, entre 1972 y 1982, se realizaron algunos intentos para hacer que ciertos elementos de la historia de los Santos de los Últimos Días fueran más accesibles para cualquier miembro. Un libro de 1976, “The Story of the Latter-day Saints” por James B. Allen y Glen M. Leonard, citaba de forma muy directa cómo consiguió José su piedra clarividente y su uso en la traducción del Libro de Mormón.
Alrededor del año 1822, antes de recibir su primera visita del ángel Moroni, José se encontraba cavando un pozo con Willard Chase, no muy lejos de la residencia Smith, y descubrió una piedra suave y oscura, con un tamaño similar al de un huevo, la cual llamó piedra clarividente. Más adelante la usó como ayuda en la traducción del Libro de Mormón y también para recibir ciertas revelaciones.[17]
La visión entre los miembros de la Iglesia con respecto a este asunto empezó a cambiar de manera significativa a principios de la década de 1980 debido a un inesperado y trágico evento: la exposición de las falsificaciones de Mark Hofmann. De repente, los periódicos estaban hablando sobre salamandras y guardianes de tesoros asociados con algunos de los eventos fundadores de la Iglesia.

Mark Hofmann era un miembro de la Iglesia que a principios de la década de 1980 se dedicó a la adquisición y venta de documentos históricos. Parece ser que tenía la habilidad de adquirir documentos perdidos que eran mencionados en otros registros relacionados con la historia de la Iglesia. Por ejemplo: Hofmann proclamaba que había localizado una bendición en la que presuntamente se prometía a José Smith III que se convertiría en el siguiente profeta de la Iglesia. Hofmann también produjo lo que él llamaba “el escrito Anthon”, el cual se identifica con una descripción del documento ofrecida por el propio Charles Anthon. El documento más famoso de la colección de falsificaciones de Hofmann era “la carta salamandra”, la cual fue supuestamente escrita por Martin Harris. Los documentos de Hofmann estaban tan bien confeccionados que engañaron a varios expertos en la materia y fueron considerados genuinos durante un período de tiempo. Durante ese mismo tiempo, se produjo una nueva oleada de documentos históricos SUD, haciendo saber los aspectos “mágicos” destacados en “la carta salamandra”. También se esforzó por conciliar e integrar la información nueva con los registros existentes.[18]

Algunos de los documentos de Hofmann se basaron en las declaraciones existentes de los testigos que hablaban sobre la búsqueda de tesoros, y hasta cierto punto, en conceptos amplificados conocidos por los historiadores. Cuando las falsificaciones salieron a la luz, se hizo necesario volver a estudiar todo lo que fue escrito para sustentar los documentos que perdieron su credibilidad.[19] Aunque las falsificaciones de Hofmann se volvieron irrelevantes, las declaraciones legítimas en las que se basaban empezaron a conocerse entre la membresía de la Iglesia. La temprana implicación en la búsqueda de tesoros por parte de José, más allá de todo lo que se haya documentado en las publicaciones de la Iglesia referente a sus esfuerzos junto con Josiah Stowell, se volvió más conocida. Élder Dallin Oaks resaltó que de ninguna manera todo eso desmerece el alzamiento de José como el profeta de la restauración.
Algunas fuentes cercanas a José Smith declaran que en su juventud, durante su inmadurez espiritual antes de que se le confiaran las planchas del Libro de Mormón, a veces usaba una piedra para buscar tesoros. Sea verdad o no, tenemos que recordar que ningún profeta está libre de las flaquezas humanas, especialmente antes de ser llamado a consagrar su vida a la obra del Señor. Paso a paso, el joven José Smith amplió su fe y entendimiento y maduró sus dones espirituales hasta que se levantó alto y con poder como el profeta de la restauración.[20]
El proceso de traducción fue espiritual, no mecánico

La traducción del Libro de Mormón fue un proceso espiritual, no mecánico. La interacción entre vidente y piedra clarividente es fascinante desde un punto de vista histórico, pero no es el aspecto más importante del proceso. Debemos recordar que José recalcó que el aspecto más importante de la traducción era el hecho de que se llevó a cabo por medio del don y poder de Dios. Los medios concretos por los cuales el Señor cumplió con ese propósito son principalmente de un interés histórico y no edifican la fe. En un principio José recibió revelación por medio del Urim y Tumim (ya fueren los anteojos o la piedra), pero al final aprendió que no necesitaba una ayuda física para actuar como profeta y vidente. Una de las lecciones más importantes que aprendió José durante este proceso fue que el uso de estos instrumentos requerían de él fe y humildad, para conocer la voluntad del Señor. David Whitmer detalla lo siguiente:
A veces, cuando el hermano José intentaba traducir, miraba dentro del sombrero, donde estaba la piedra, se daba cuenta de que estaba espiritualmente ciego y que no podía traducir. Nos decía que su mente se ofuscaba demasiado a causa de las cosas terrenales y que varios motivos le hacían incapaz de proceder con la traducción. Cuando se encontraba en esa situación, se iba a orar, y cuando conseguía ser lo suficientemente humilde delante de Dios, entonces seguía con la traducción. Ahora podemos ver cuán estricto es el Señor, y como requiere que el corazón del hombre sea justo, delante de Él, antes de recibir revelación.[21]
Al final José se dió cuenta de que su habilidad para comunicarse con el Señor no dependía de un objeto sagrado, sino del uso de su fe y humildad. Espiritualmente superó la necesidad de usar los intérpretes nefitas o la piedra clarividente, estableciendo así la base por la cual toda persona tiene la promesa de recibir revelación personal. Los objetos usados para guiarle a esa conclusión finalmente se convirtieron en irrelevantes en comparación con la lección aprendida.

Mirando el proceso de traducción desde una perspectiva del siglo XXI

El testimonio de los testigos a perdurado a través del tiempo
Sigue siendo conveniente conciliar las diferentes declaraciones que hablan de la traducción para entender cómo algunos consideraron que varios aspectos del proceso eran contradictorios. Desde la perspectiva de este creyente, la historia de la traducción del Libro de Mormón parece haber tomado el siguiente camino:
  • José Smith recibió del ángel Moroni las planchas y los intérpretes nefitas.
  • José empezó el proceso de traducción usando los intérpretes nefitas, con Martin Harris como escriba. Una cortina separaba al traductor del escriba, para evitar que se vieran las planchas y los intérpretes nefitas.
  • Es posible que José colocara los intérpretes nefitas dentro de un sombrero para ocultarlos de la luz, del mismo modo que cuando utilizaba su propia piedra clarividente.
  • De vez en cuando es posible que José pasara a usar su propia piedra clarividente, la cual ponía dentro del sombrero. En una de las ocasiones Martin cambió la piedra, algo que nunca se hubiera atrevido a hacer si José hubiera estado utilizando los intérpretes nefitas.
  • Después de finalizar y posteriormente de perder las 116 páginas de manuscrito, el ángel Moroni se llevó las planchas y los intérpretes nefitas.
  • Cuando pasó el tiempo necesario de arrepentimiento, las planchas fueron devueltas a José junto con los intérpretes nefitas.
  • José empezó a traducir usando una de dos, los intérpretes nefitas o su piedra clarividente, en ambos casos se introducían dentro del sombrero. Los testigos no siempre tenían la posibilidad de determinar qué instrumento estaba utilizando, aunque el hecho de que Martin cambiase la piedra para poner a prueba a José, indica que la piedra clarividente se utilizó en algún momento. Esta parte del proceso de traducción transcurrió ante la mirada de las personas cercanas a José, incluyendo a su escriba Oliver Cowdery. No había ninguna cortina durante esa fase del proceso de traducción.
  • El proceso de traducción en el que se usó una piedra y un sombrero fue observado por David Whitmer, Martin Harris, Oliver Cowdery y Emma Smith, quienes muchos años después, casi al final de sus vidas, compartieron con la prensa lo que observaron.
  • Tan sólo tres años después de la publicación del Libro de Mormón, el término Urim y Tumim se convirtió en definición tanto de intérpretes nefitas como de piedra clarividente. Para los primeros santos eran esencialmente el mismo instrumento utilizándose para el mismo propósito.
  • Como consecuencia, se acabó pensando que el término Urim y Tumim sólo se refería a los intérpretes nefitas y el uso de la piedra clarividente y el sombrero fue expulsado de la historia. La falta de necesidad de usar una cortina para separar al traductor del escriba también se perdió en la historia. El proceso de traducción fue representado por la literatura y el material gráfico como en su primera mención: Los intérpretes nefitas y las planchas separadas por una cortina.
  • Durante gran parte del siglo XX, se descartaron con escepticismo las declaraciones que decían que durante la traducción se usaron la piedra y el sombrero.
  • En parte por culpa de las falsificaciones de Mark Hofmann, nuevas publicaciones hicieron llegar al público documentos relacionados con el uso de la piedra y el sombrero.
  • Con la llegada de Internet, muchos documentos relacionados con el proceso de traducción estaban al alcance de cualquier miembro de la iglesia, una vez más se destacaba el uso de la piedra y el sombrero. Las alusiones a estos objetos llegaron a los medios comunes de comunicación. La presencia de esta información hacía pensar que la historia con la que estamos familiarizados en la Iglesia es contradictoria con aquella proporcionada por testigos presenciales como Martin Harris, David Whitmer y Emma Smith.
  • La Iglesia empezó a esforzarse por facilitar el acceso a documentos originales, tales como “The Joseph Smith Papers” (los papeles de José Smith) e incluso apoyando estos antiguos documentos.

Las aparentes contradicciones entre los registros sobre la traducción en realidad no son contradicciones sino que principalmente son el resultado del menosprecio o incluso obviedad de ciertos elementos del proceso de traducción durante ciertas épocas del último siglo y medio. El uso de los intérpretes nefitas como Urim y Tumim, el uso de la piedra clarividente como Urim y Tumim y el uso del sombrero con ambos instrumentos, así como la aparición y desaparición de la cortina, encajan en los escenarios de varias etapas del proceso.

Conclusión

Hoy en día cualquier miembro tiene acceso a una gran cantidad de información concerniente al proceso de traducción del Libro de Mormón. Internet ha permitido que cientos de documentos estén al alcance de cualquier persona interesada en verlos, en vez de restringirlos exclusivamente a los eruditos que toman de su tiempo para acceder a los archivos. El proyecto “The Joseph Smith Papers” beneficia a los historiadores e investigadores que desean ver y examinar los documentos originales asociados con la restauración. Un nuevo producto significativo que procede de este esfuerzo es la página de Internet “Church History” (historia de la Iglesia) history.lds.org, la cual contiene “Revelations in Context” (revelaciones dentro de contexto).[22] En esta página, la Iglesia ofrece detalles sin precedentes concerniente a la producción y evolución de las revelaciones recibidas por parte del profeta José Smith.

Con respecto a los procedimientos específicos que se llevaron a cabo durante la traducción, el libro de Brant A. Gardner de 2011 llamado “The Gift and the Power: Translating the Book of Mormon”, ofrece un análisis detallado del proceso.

El uso de la piedra clarividente no debería sorprender demasiado a ningún Santo de los Últimos Días que acepte que José recibió un conjunto de piedras sagradas consagradas para recibir revelación y traducción. Después de todo, ¿qué diferencia concreta hay en usar una piedra clarividente de otra? Uno puede suponer que José continuara usando los intérpretes nefitas, puesto que eran los instrumentos que estaban específicamente consagrados para traducir. Sin embargo, es totalmente razonable suponer que Dios pudiera consagrar cualquier otro instrumento que hubiera deseado que también sirviera para el mismo propósito.

A partir de los registros contemporáneos está claro que el objeto que se colocaba dentro del sombrero podría ser tanto la piedra clarividente como los anteojos. Ambos fueron denominados “Urim y Tumim” por los primeros Santos de los Últimos Días. Por lo tanto se podría decir sin temor, dejando a un lado que instrumento hubiera usando realmente José en cualquier momento en particular, que verdaderamente tradujo el Libro de Mormón por completo usando el Urim y Tumim.

La cuestión principal que parece preocupar a algunas personas es la idea de que José tradujera a simple vista, delante de otras personas, colocando el instrumento de traducción dentro de un sombrero y dictando el texto sin tener que observar directamente las planchas. ¿Por qué el Señor permitiría a José alterar el modo de traducir? La edición de 1830 del Libro de Mormón contiene más de 580 páginas, las cuales fueron dictadas sin repeticiones a una velocidad de siete a once páginas y media por día.[23] Éste es un logro significativo, independientemente del método concreto utilizado durante la traducción. Una conclusión razonable sería que al permitir que José dictara todo el texto del Libro de Mormón ante la atenta mirada de testigos evitando que se ocultara el proceso en cualquier sentido, podría fortalecer significativamente la opinión de que verdaderamente José estaba recibiendo revelación en vez de consultar otros materiales.

Por último, ¿qué pasó con las planchas? Si José realmente no necesitaba mirarlas directamente durante la traducción, ¿para qué servían entonces? Hay que recordar que el Urim y Tumim era un instrumento de revelación. Esto significa que más que “traducir” las planchas en un sentido tradicional, José recibía revelación que le inspiraba el conocimiento de lo que había escrito en ellas. Posteriormente dictaba con sus propias palabras aquellos conceptos.[24] Por lo tanto, el Libro de Mormón constituye la revelación más grande y extensa de José. A pesar de todo las planchas tuvieron un propósito importante. Los tres testigos y los ocho testigos confirmaron que el registro nefita realmente existía y testificaron de ello al mundo, incluso después de que algunos de ellos dejaran la Iglesia. El testimonio de los testigos ha perdurado a pesar de los intentos de desacreditarlo. El hecho de que las planchas existieran y que José tuviera que esforzarse mucho para recuperarlas y protegerlas, ayudaron a formar el carácter del profeta durante los cruciales primeros años. La existencia literal de un conjunto de planchas dejó muy claro que la declaración de José era una historia real: un pueblo antiguo genuino aprendió sobre Cristo y verdaderamente habían visto al Señor resucitado. La revelación de José no era una novela romántica, ni tampoco ficción religiosa.

Un análisis del método de traducción bajo el foco de la información que hay disponible hoy en día, no debería usarse como cimiento de la fe, ni tampoco debería contribuir a la destrucción de la fe de uno mismo. Simplemente es historia y como tal, ofrece un entendimiento más rico y profundo de lo que en realidad ocurrió, así como un complemento de las piezas que aparentemente faltan en el relato que conocemos. Élder Neal A. Maxwell ofrece un sabio consejo para no volverse demasiado obsesionado con el cómo fue, en vez de en el resultado de la traducción:
Hoy en día miramos más allá de la línea, es decir, estamos más interesados en las dimensiones físicas de la cruz que en lo que Jesús consiguió en ella, o pasamos por alto las palabras de Alma sobre la fe porque estamos demasiado fascinados con el sombrero para ocultarse de la luz que usó José Smith durante parte de la traducción del Libro de Mormón. El rechazar la esencia al fijarnos en el proceso es otra forma insumisa de mirar más allá de la línea.[25][26]
Fuentes
  1. Whitmer, An Address, 32. Que José Smith declaró que ya no necesitaba la piedra clarividente para recibir revelación fue una de las causa que propició la desilusión final de Whitmer con José.
  2. Wilford Woodruff’s journal, 18 de mayo de 1888, citado en “Temples to Dot the Earth” de Richard O. Cowan (Springville, UT: Cedar Fort, 1997).
  3. “Doctrines of Salvation” de Joseph Fielding Smith (Salt Lake City: Bookcraft, 1956), 3:225.
  4. Neal A. Maxwell, “‘By the Gift and Power of God’,” revista Ensign de enero de 1997, 36. http://www.lds.org/ensign/1997/01/by-the-gift-and-power-of-god.
  5. Neal A. Maxwell, Not My Will, But Thine (Salt Lake City: Bookcraft, 1988), 26.
  6. Kenneth W. Godfrey, “A New Prophet and a New Scripture: The Coming Forth of the Book of Mormon,” revista Ensign de enero de 1988. http://www.lds.org/ensign/1988/01/a-new-prophet-and-a-new-scripture-the-coming-forth-of-the-book-of-mormon.
  7. Anderson, “By the Gift and Power,” 79.
  8. Dallin H. Oaks, “Recent Events Involving Church History and Forged Documents,” revista Ensign de octubre de 1987, 63. http://www.lds.org/ensign/1987/10/recent-events-involving-church-history-and-forged-documents.
  9. Encabezamiento de Doctrina y Convenios 28.
  10. Stephen D. Ricks, Joseph Smith’s Translation of the Book of Mormon (Provo, UT: Maxwell Institute, n.d.), http://maxwellinstitute.byu.edu/publications/transcripts/?id=10
  11. Keith W. Perkins, “Francis W. Kirkham: A ‘New Witness’ for the Book of Mormon,” revista Ensign de julio de 1984. https://www.lds.org/ensign/1984/07/francis-w-kirkham-a-new-witness-for-the-book-of-mormon.
  12. Este esfuerzo por parte de “the Maxwell Institute” se denominó the “Kirkham Project.” Véase “Early Book of Mormon Writings Now Online,” Insights 30:2 (Provo, UT: Maxwell Institute), en el que resalta que “durante más de 10 años Matthew Roper, académico de investigación en el Neal A. Maxwell Institute for Religious Scholarship y encargado del proyecto, ha estado coleccionando esta bibliografía. La colección se basa en los primeros esfuerzos de Francis W. Kirkham, un educador de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Según Roper, durante los años de 1930 Kirkham empezó a coleccionar extraños periódicos relacionados con los inicios de la historia SUD. Subsecuentemente algunos investigadores e historiadores descubrieron varios objetos adicionales, los cuales han sido todos incluidos en esta nueva colección.”
  13. Francis W. Kirkham, “The Manner of Translating the Book of Mormon,”revista Improvement Era, octubre de 1939, 632.
  14. Francis W. Kirkham, A New Witness for Christ in America (Independence, MO: Press of Zion’s Printing and Publishing Co., 1951), 194.
  15. Kirkham, A New Witness, 196.
  16. Smith, Doctrines of Salvation, 3:225. Emphasis in original.
  17. James. B. Allen and Glen M. Leonard, The Story of the Latter-day Saints, 2nd ed., rev. and enl. (Salt Lake City: Deseret Book, 1992), 40–41.
  18. A list of known Hofmann forgeries related to Church history appeared in “Fraudulent Documents from Forger Mark Hofmann Noted,” revista Ensign de octubre de 1987.
  19. Richard Lloyd Anderson, “The Alvin Smith Story: Fact and Fiction,” revista Ensign de agosto de 1987. Anderson declara que “los intentos por reponer los cimientos de la Iglesia en base a  los documentos relacionados con Mark Hofmann ahora están obsoletos, puesto que fue declarado culpable en un juicio público por vender documentos falsos. Por consiguiente, los relatos revisados basados en estos documentos, ahora deben volverse a revisar.”
  20. Oaks, “Recent Events.”
  21. Whitmer, An Address to All Believers, 30.
  22. Revelations in Context. https://history.lds.org/series/doctrine-and-covenants-revelations-in-context?lang=eng#/date/10/1.
  23. John W. Welch and Tim Rathbone, “How Long Did It Take to Translate the Book of Mormon?” (Provo, UT: Maxwell Institute).http://maxwellinstitute.byu.edu/publications/books/?bookid=71&chapid=767.
  24. Hay varias formas de pensar entre los estudiosos del Libro de Mormón en relación a si el texto del Libro de Mormón representa una “vaga traducción” o una “traducción precisa” del significado de los caracteres de las planchas. Dicho esto, yo no soy un académico, no es mi intención extraer ninguna conclusión sobre los aspectos  de la traducción. Simplemente afirmar que se hubo algún tipo de revelación.
  25. Maxwell, Not My Will, 26.
  26. Artículo orignial: http://www.mormoninterpreter.com/the-spectacles-the-stone-the-hat-and-the-book-a-twenty-first-century-believers-view-of-the-book-of-mormon-translation/


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